No lo conozco, pero leo algunos artículos escritos sobre Sosa y se me presenta como una de esas personas que dice lo que piensa y sin tapujos. Intercambiamos mails con preguntas y respuestas. Sigo sosteniendo lo mismo: dice lo que piensa sobre el sensible mundo de las letras.

 

Gabriel Sosa es periodista, escritor, editor y librero. Conoció a Levrero cuando todavía no era Levrero sino Jorge el hijo de la vieja Varlotta y estaba del otro lado del mostrador "con una voz de ultratumba" cuando entraba a comprar revistas de Archie y Superman, así lo detalla Federico de los Santos en El Boulevard. También se autodefinió como " el último periodista autodidacta del país”.



Su primer libro fue "Orientales excéntricos" ; se lo llevó a Mario Levrero (ahora sí escribía como tal) "aunque sabía que no le iba a gustar. A los pocos días me mandó un mail diciendo que el orden de los cuentos en el libro no era el orden en que yo los había escrito. Y adivinó el orden en que los escribí, uno por uno. Nunca conocí a nadie que pudiera hacer eso. No digo que tenía facultades paranormales, pero le acertó”, relató Sosa a El Boulevard.



De paso por Buenos Aires, esta noche de viernes está de invitado en el Ciclo de Lecturas íntimas de la Vaca Mariposa Editora, conversamos electrónicamente con el editor que reflexiona sobre el mundo que ama: la escritura.

 

- Contános como surgió el proyecto editorial Irrupciones (2010) ¿hubo algún puntapié puntual? o ¿fue algo que se fue dando naturalmente al estar inmerso entre el periodismo y la escritura?

 

Gabriel Sosa (GS)- Fue más bien como vos decís, vivir entre libros y escritura te acota bastante los campos en los cuales podés intentar ser felíz mientras te ganás la vida. Era o una editorial o una librería (y ahora también tengo una librería). De hecho el puntapié inicial fue a fines de los 90, trabajando con la editorial Cauce de Pedro Cribari (lamentablemente desaparecida en el 2001). Ahí me di cuenta de que de veras me gustaba el oficio.

 

- ¿Cuál crees que es el rol de un editor? ¿Seguís sosteniendo que "El 98% de lo que se escribe es basura"? ¿Congenias vos como editor y escritor?

 

GS- El rol del editor es variable, si hablamos como nexo entre el autor y el libro físico, depende mucho del propio autor. Hay autores que vienen absolutamente desnorteados y mal rumbeados, tanto en su propia obra como respecto a sus expectativas editoriales, y ahí el trabajo del editor empieza desde cero, desde explicarles lo que pueden esperar y lo que les conviene hacer. Obviamente, algunos se ofenden porque vienen pensando en que escriben para la posteridad, la fama y la fortuna y vos arrancás diciéndoles que casi con seguridad su libro no lo va a leer nadie que no los conozca personalmente (e incluso los que los conocen, aunque lo compren, tal vez tampoco lo lean). A partir de ahí se decantan los autores que comprenden la situación (que nunca  es como la pintan en sus mentes) y que tienen el aguante suficiente como para bancar los tiempos y condiciones editoriales. En el otro extremo están los autores más fogueados, que ya pasaron por la máquina picadora antes y saben que publicar no es ni fácil ni beneficioso ni glorioso. Y ahí entran autores reconocidos, que han publicado en sellos “importantes”, pero a los que los cambios del mercado han ido dejando caer fuera de la primera mesa de novedades en las librerías de los shoppings. Con esos es mucho más sencillo trabajar, ya han hecho el proceso desde los anhelos iniciales de fama, gloria y giras con gastos pagos hasta alcanzar esa pequeña iluminación que abre los ojos al hecho de que sacar un libro es, por encima de todo, un placer personal y egoísta, que se comparte con un grupo de allegados en principio. Si luego vienen las grandes recompensas que disfrutan los Grandes, bueno, vendrán. Pero el mundo literario es una gran tómbola, con muchos números y pocos premios.

Luego está el rol del editor como parte central de todo el entramado editorial. Un sello, como opuesto a una edición de autor, por ejemplo, tiene varias ventajas respecto al producto en sí. Primero la presencia de editores y correctores, que son fundamentales. Y luego la posibilidad de, mientras el sello sobreviva, mantener vivas las obras que publica en su catálogo. Una edición solitaria de autor aparece, es muy elogiada por los familiares y amigos del susodicho, y se desvanece en la nada. La pertenencia a un catálogo editorial permite la oportunidad de otra sobrevida.

En general considero que el editor es importantísimo, tanto en literatura como en periodismo. Es un cuelgue personal, claro, pero por lo pronto, aunque reconozco que la autoedición es totalmente válida y necesaria, en lo personal no me autoeditaría en mi propio sello porque faltaría ese filtro de un editor responsable. Claro, hay abundantes editores mediocres, chantas o directamente iletrados. Pero contar con un buen editor es lo que marca la diferencia. No sé si yo mismo soy buen editor (eso lo podrán decir los autores que he publicado), pero como autor al menos no me tengo confianza, al menos no tengo confianza en mi autocrítica.

Y sí, el 98% de lo que se escribe es basura. Pero se escribe tanto que hasta ese 2% alcanza para descubrir abundantes joyas. Bueno, tampoco abundantes. Pero sí suficientes como para mantener la literatura como conjunto en un estado de salud razonablemente bueno.

 

- ¿Por qué eligieron llamar Colección Excéntricos a los nuevos autores contemporáneos publicados por la editorial?

 

GS- En parte porque hay una larga tradición de escritores uruguayos a los que sólo puede definirse como excéntricos.  Pero en realidad es un chiste privado con mi primer libro, Orientales excéntricos. La colección de clásicos de la editorial se llama, claro, Orientales. Como el chiste dio sólo hasta ahí, la otra colección, de textos variados, se llama Ramos Generales, homenajeando a Mario Arregui.

 

- Hace no tanto tiempo se viene hablando del  boom de la música uruguaya ¿se da lo mismo en la escritura? Entrevistamos al escritor Martín Arocena quien planteaba que faltaba tiempo para poder generar ese tipo de retrospectiva ¿es una cuestión de tiempo?

 

GS- Hay una generación nueva al menos, aunque sus límites, pertenencia y calidad general están lejos de quedar definidos. Hay autores interesantes, como Damián Gonzales Bertolino u Horacio Cavallo entre otros, pero de ahí a decir que van a integrarse al más bien rígido y poco amistoso cánon uruguayo hay una distancia importante. Dentro de 20 años se verá. Por lo pronto los rescates actuales de los autores que hace 20 o 30 años parecía que iban de cabeza al Parnaso Uruguayo despiertan como mucho un tibio “Uhhh, ¿te acordás?”, o un incómodo olor a viejo.

 

- ¿A quiénes leés? ¿Qué te inspira?

 

GS- Leo mucho, muy variado. Por suerte soy fundamentalmente inmaduro, así que nunca tuve la necesidad de quemar etapas, o dejar de lado antiguas pasiones. Nunca tuve que decir “Hasta los 18 sólo leía ciencia ficción, después descubrí a Onetti”, o cosas así. Y cuando descubro alguna cosa que realmente me entusiasma (a Thomas Ligotti, por ejemplo) lo que me inspira son tremendas ganas de escribir. En ese momento mi pereza endémica aparece para anular el impulso, y todo suma cero. Lo cual es bueno, porque me permite ser un lector indolente que lee sólo por el placer de leer.

 

- ¿En qué estás trabajando hoy?

 

GS-Como editor estoy tratando de lograr un equilibrio entre autores reconocidos (Roberto Appratto, Carlos Liscano, Levrero) y nuevos (gente que si nombro no despertaría ninguna asociación en la mente de nadie, pero que  al menos en mi imaginario están al nivel de calidad de los reputados).  Como escritor, estoy en la misma que todos los demás: en la perpetua y desalentadora búsqueda de un editor.

 

- ¿ A quién te gustaría editar?

 

GS- A mucha gente. A todos los que sean buenos. A todos los del 2%. Si es por querer…

De hecho con muchos nombres que soñaba editar cuando empecé (Levrero, Anderssen Banchero, Mario Arregui, Felipe Polleri, Homero Alsina Thevenet y otros) lo logré. Y espero seguir sumando.

 

- Se te definió con un "gran provocador" ¿Te sentís cómodo con esa adjetivación?; ¿o es puro marketing?

 

GS- Es como la leyenda de la pobreza y la austeridad de Mujica. Tampoco es tan tan así, Un poco, bueno. Pero no tanto. Bastante sí, capaz. En definitiva, lo que sí reconozco es que no es buena idea darme un micrófono en una mesa redonda o similar.

 

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Hoy Gabriel Sosa va a estar de invitado en el Ciclo Lecturas Íntimas de La Vaca Mariposa

Viernes 20 de Junio 20.30 hs


Contribución $120- Miembros del Club Lector LVM $100 (incluye cena+vino)
Cupos Limitados- resevas libroslavacamariposa@gmail.com
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