Lesley Emerson murió hace tres años en Reino Unido a los 58 años a causa de un cáncer de intestino. Cuando la enterraron, su familia colocó adentro del ataúd su celular porque "le encantaba enviar mensajes de texto".


Su nieta, Sheri Emerson, y otros familiares, continuaban mandándole mensajes para "mantener el contacto" y como una forma de superar el dolor de la pérdida, aunque lo que no pensaron es que alguna vez su abuela les iba a contestar.


Sheri le había escrito a la anciana y le contó lo que había estado haciendo. El susto la invadió cuando le llegó un mensaje en respuesta que decía: "Estoy velando por ti, todo va a ir, supéralo".

A pesar de que la compañía telefónica prometió que no reasignaría el número de Lesley, tres años después de su muerte la empresa dio su viejo número a otro cliente, que contestó a los mensajes que recibió de la familia pensando que se trataba de una broma de sus amigos.


El nuevo propietario pidió disculpas al conocer la verdad sobre los mensajes que recibía.
recibía.