La inestable situación social de Grecia es una olla de presión que estalló hace tiempo, pero que recién este domingo se expresó con contundencia en las urnas. La mayoría de los griegos votó por el cambio, lo cual tiene explicaciones muy palpables y concretas: en el país heleno el 44% de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza, más que duplicando las cifras de 2008. Además, el 70% de los más de un millón trescientos mil desempleados se encuentra en esa situación desde hace más de un año, como confirman las estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo. Como se ve, un panorama que no sólo no se revirtió, sino que incluso se profundizó, a partir del denominado “rescate” anunciado con el Fondo Monetario Internacional.

 

La cobertura mediática en Europa fue dispar: algunos medios, como el inglés The Guardian o el francés Libération, atinaron a mostrar a Tsipras como la cara de la nueva Europa, destacando su triunfo y analizando las razones de la victoria; otros, como ABC y La Razón de España, prefirieron hablar del “abismo populista” para continuar agitando internamente contra Podemos, la formación de Pablo Iglesias que amplía su crecimiento en las encuestas. “Es una buena noticia para el Sur de Europa”, fueron las primeras declaraciones públicas de Iglesias, quien luego sentenció que “los griegos van a tener un gobierno griego, por fin, y no un delegado de Angela Merkel”.

 

¿Quiénes fueron los grandes derrotados de la elección del domingo? En primer lugar Samarás, el conservador ex primer ministro griego, quien perdió contundentemente en las urnas, luego de no haber podido imponer candidato en el parlamento en diciembre pasado. En segundo lugar, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente español Mariano Rajoy, quienes planificaron en París, luego del atentado a Charlie Hebdo, el viaje del dirigente del PP a Atenas en apoyo a Samarás. Merkel ha sido la cara visible de la política “de austeridad” implementada por la Unión Europea y su Banco Central: si bien no tiene foto reciente con Samarás, también esta derrota de ND la golpea -aunque, claro, no encuentra un panorama interno tan adverso como Rajoy, quien está alarmado por el desplome del PP en las encuestas-.

 

Será momento, ahora, de ver como Syriza comienza a implementar su programa de gobierno con los tres puntos “anti-ajuste”: auditoria sobre la deuda pública; suba del impuesto a la renta a grandes empresarios; suba del salario mínimo. Tsipras tendrá que ser audaz geopolíticamente en un panorama europeo que es adverso a sus ideas, pero donde puede ocupar un papel central: ser el primero de un conjunto de gobiernos posneoliberales en la región, que cuestionen de raíz el ordenamiento político, económico y social previo, y gobiernen de cara a las mayorías.

 

El tiempo dirá si la política expansiva de las nuevas formaciones políticas tiene lugar en un Viejo Continente marcado a fuego por el desempleo y la desigualdad del último lustro. Por el momento, el triunfo de Syriza es un espaldarazo para una nueva generación de jóvenes políticos europeos que se han propuesto una construcción diferente, distinta, cercana a la de los gobiernos posneoliberales de América Latina, y de cara a un nuevo mundo multipolar que va asomando cada vez con más fuerza.