"Pensé que era una broma", le dice Luchi a Diario Registrado sobre el momento en que en el vestuario, tras un amistoso de la selección de futsal en Ezeiza a la que fue citado con 18 años, dos experimentados futbolistas le dijeron que tenía talento para jugar en Europa y que ellos mismos se encargarían de hablar con clubes de allá.

La anécdota es de principios de año. Luciano, que ya cumplió los 19 en febrero, viajará en los primeros días de agosto a Peñiscola -que le ofreció un contrato de tres años-, una paradisíaca ciudad costera unos kilómetros al sur de Barcelona.

Bienvenido, Luciano Gauna

"Allá voy a convivir con un pibe de Racing (Agustín Plaza), que también va a jugar en Peñiscola, vamos al mismo departamento, eso me ayuda", cuenta, con la misma timidez que da la seguridad e inconsciencia de la edad: "Voy a una de las mejores ligas del mundo, sé que el primer año es clave en lo físico, quiero prepararme bien, quiero quedarme mucho tiempo allá".

 

Una joya categoría 2001

Luciano creció y vivirá hasta la semana que viene -antes de subirse a un avión-, en San Martín. En Villa Lynch, en un barrio de casas y casillas: "Crecí jugando en la calle, todos mis amigos son de acá, acá hay mucho talento pero ninguno de los pibes se animó a soltarse a jugar profesionalmente".

Crack desde chico, empezó a jugar al fútbol a los 4 o 5 años en el club Progreso de San Martín, terminó la etapa de baby fútbol y fue a probar suerte a Vélez, en cancha grande, donde estuvo un par de años.

Todos le veían condiciones pero él no se sentía tan cómodo, no al menos hasta el día en que probó jugar al futsal. Fue a los 13, en el Social Lynch, el club de su barrio, a tres cuadras de su casa.

 

 

Allí jugó en categorías Menores y Cadetes, fue convocado a la selección de Buenos Aires de la Liga Metropolitana incluso hasta Juveniles y Sub 20, con menos edad. Viajó varias veces por el país a jugar torneos Nacionales -a Comodoro Rivadavia y Tucumán- y ganó dos.

Jorge Newbery, club de AFA, se lo llevó en 4ta división para ganarle el torneo a River. Y de ahí a Brasil ¡Sí, a Camboriú para jugar el Sudamericano juvenil de clubes de futsal! ¿Resultado? 2 a 1 en la final con dos goles suyos.

Pero volvió a Lynch, para jugar en el club de su barrio donde ya era uno de los valores del equipo de Primera con 16 años. Hasta el año pasado, que Pinocho se lo llevó para ponerlo en Primera División junto a sus mejores jugadores.

Allí Luchi la rompió toda, sorprendió a propios y extraños por su desfachatez para jugar, por su habilidad para pisarla igual de bien y rápido con la derecha que con la zurda. Para marcar de costado "como me enseñaron Fede y Matete en el Social (sus entrenadores del club de su barrio) y ganar velocidad para recuperarte si te pasan y para arrancar si robás", o por su capacidad goleadora.

 

 

En un año volvió loco a sus rivales, a los mejores defensores del país; le hizo goles a Boca y San Lorenzo. Y vinieron de España a buscarlo. Se va la semana que viene, sus familiares ya lo despiden en las redes con posteos que emocionan. La noticia revolucionó a un barrio, a un club, y al ambiente del futsal que vivió su evolución. 

 

CSyD Pinocho Futsal on Twitter

 

El autor de la nota conoce al crack desde los 14 años. No exagera nada. Compañeros y jugadores de la Selección hablan de él, en tiempo presente y también a futuro.

El entrenador campeón del mundo con la Selección el año pasado en Misiones, Ariel Avveduto, le dedicó unas palabras en sus redes como deseo para esta nueva etapa.

Y lanzó un debate que aún no instaló nuestro futsal: ¿qué benificio reciben los clubes de barrio que forman a estos cracks?

Luciano se va de un barrio con autos abandonados en la cuadra, tapizado de chiquitos jugando a la pelota, la mancha o la escondida en la calle, de ollas populares en medio de la pandemia, de solidaridad y necesidades.

"Voy a estar lejos de casa, eso te mata, se aprende a extrañar... voy a estar muy lejos y mucho tiempo afuera, esto es para bien mío y de mi familia, mi futuro, espero estar muchos años allá", concluye Luchi.

El último intercambio con él vía audios me dejó mirando la ventana. Le pregunté a este pequeño demonio flaquito, tímido y humilde si sabía aquello que pregonan de Bielsa a la Generación Dorada, que para ser el mejor del mundo hay que estar preparado a resignar muchas cosas, esforzarse cada día más, profesionalizarse la vida... "Sí, sí -contestó- algún día en seis o siete años, estar ahí entre los mejores del mundo, me encantaría".

El fútbol te salva la vida, no es broma.