Entré a las ocho de la mañana y mi editor, apenas me senté en la computadora, dijo: "Vamos a indignar a Paula con esta notita", y me pasó el discurso de la vicepresidenta Gabriela Michetti en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Lo logró. 

La funcionaria habló de la AMIA y de Malvinas, de Venezuela y México pero también guardó unos minutitos para hablar de "género". Y lo que podría haber sido una gran jugada se convirtió en un papelón apenas abrió la boca. 

La vicepresidenta de la Nación habló del rol de la mujer en distintos lugares del mundo y pidió rescatar "los atributos de lo femenino". Acá quiero hacer un parate. ¿Qué es "lo femenino", Gabriela? Vos que sos la segunda voz más relevante en la política de nuestro país no podés, bajo ningún punto de vista, creer aún que "lo femenino" existe, que no es cultural. No podés porque es sexista, porque es parte (nada poco importante) de un entramado social y patriarcal que nos oprime y nos encasilla ahí, en "lo femenino", en las tareas que nos corresponden por ser mujeres, lo rosa, lo dulce, lo tierno, lo delicado, lo callado, lo sumiso. Marca lo que debemos y no debemos hacer por ser lo que somos, por nuestro género, por nuestro rol. "Lo femenino" nos golpea, nos ordena y nos detiene, Gabriela. 

SEGUIMOS. "Los atributos femeninos son una tendencia natural a unir, en un mundo en el que las fuerzas desintegradoras van prevaleciendo. Una vocación en la mirada a largo plazo y una vocación por nutrir, por cuidar, por tener una mirada empática", dice Michetti. No sólo no le bastó hablar de lo femenino sino que lo destaca como una cualidad natural. Si sos mujer tenés y debés ser femenina, como Juliana, ya la ven, que acompaña al presidente Mauricio Macri a donde vaya sin decir una palabra, como un bello y delicado adorno, como lo que siempre, históricamente, fuimos las mujeres. O sea, a ver. *se pone nerviosa* La lucha del feminismo y del "género" busca destruir esa percepción biologicista. "No se nace mujer, se llega a serlo", es una de las frases más conocidas de la filósofa Simone de Beauvoir. Pero no importa, qué te va a interesar lo que dice Simone, años de lucha, muertes, femicidios, marchas, pintadas, mujeres presas, violencia e injusticias para que vos, Gabriela, vayas a uno de los estrados más poderosos del mundo a decir que nosotras somos naturalmente suaves. 

Pero igual ojo, como dijiste todo eso, creíste que tal vez era demasiado, que capaz algún hombre de la sala te podía llamar feminazi, te asustaste porque estabas nombrándonos demasiado entonces intentaste pedir perdón de manera muy poco delicada. "Tampoco somos las únicas necesarias, sería muy contraproducente sacrificar el aporte de cualquier género, religión, cultura, en el altar de nuestros prejuicios". No sea cosa que todos y todas crean, ahí, que estás diciendo que las mujeres somos indispensables ni que tenemos que ser las protagonistas. No queremos quitarle el lugar a los hombres, sólo acompañarlos, ¿no, Gabriela? 

Y para terminar con este trágico discurso que buscó, en algún primer momento, hablar sobre la lucha de las mujeres en el mundo y le erró muy muy feo, dijo: "La nuestra debería ser, en definitiva, una obra de amor", porque claro, POR SUPUESTO, si lo femenino es natural y ser delicada y suave y callada y ridículamente sumisa es natural, el amor que aflora de nuestras cajetas también lo es. Cómo osamos en enojarnos, en decir que no, en imponer lo que pensamos, lo que queremos y lo que somos. Cómo nos imaginamos que pensar que el amor no es cosa de mujeres, cómo se nos ocurre imaginar siquiera que el cuidado, la dulzura y el cariño están directamente relacionados con nuestros ovarios y no con nuestro género impuesto por un sistema que nos quiere así, calladas, idiotas y ocupándonos de todo lo que tenga que ver con cuidados GRATIS, pues el amor no se cobra, se da sin esperar nada a cambio, Gabriela.