Primero fue Mariana D. la que se cambió su apellido (Etchecolatz) y se animó a contar su historia, además de salir a la calle a protestar contra el otorgamiento de la Corte Suprema del beneficio del 2x1, para los militares condenados por delitos de lesa humanidad. Ahora Erika Lederer, hija del segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo, propuso "reunir a los hijos de los genocidas que jamás avalamos sus delitos, a los que gritamos en sus caras la palabra asesino y Memoria, Verdad y Justicia".

En una entrevista con Tiempo Argentino, Erika reveló que su padre Ricardo Lederer fue uno de los médicos que participó en varios casos de apropiación de bebés y que estuvo involucrado en los vuelos de la muerte. Sin embargo, no pudo ser juzgado ya que en agosto de 2012, con la restitución del nieto 106 (Pablo Javier Gaona Miranda) que evidenciaba su responsabilidad en la firma de la entrega a sus apropiadores, se suicidó con un disparo en la boca.

"Pienso en voz alta: Los hijos de genocidas que no avalamos jamás sus delitos, esos que gritamos en sus caras la palabra asesino y Memoria, Verdad y Justicia, por pocos que seamos, podríamos juntarnos, para aportar datos que hagan a la construcción de la memoria colectiva", expresó Erika en su Facebook el día de la movilización.

"Aún con la panza revuelta por los recuerdos y los ojos con ganas de seguir llorando, se me cruzó esa idea por la cabeza y el corazón. Juntarnos para hilvanar la historia, para producir dato, dejar testimonio y ayudar a que se sepa. Me ofrecí a gestarlo y a darle forma casi como una necesidad", le contó a Tiempo.

Erika ya inició una página en las redes para agrupar y reunir casos como el suyo. En la entrevista, la joven revivió tres momentos que terminaron por vencer su resistencia, su esperanza de que su progenitor se arrepintiera: "En una oportunidad mi viejo le puso una pistola en la cabeza a mi mamá delante mío cuando yo tenía 15 años. Ahí entendí que era capaz de hacer cualquier cosa. El segundo fue a mis 24 años, cuando realizó una requisa de mi habitación. Yo no estaba en casa y entró a revisar mi pieza y tiró todo. Revolvió hasta encontrar unos periódicos que había dejado escondidos en la biblioteca. A los pocos días decidí irme de mi casa. Y otro, fue cuando vino a ver a mis hijos antes de suicidarse. Poco antes le había mandado un mensaje de texto y le escribí 'Memoria, Verdad y Justicia'. Cuando llegó le pregunté si pensaba arrepentirse y me dijo que no", relató.

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