Las manifestaciones de repudio para la decisión judicial que le otorgó la detención domiciliaria al genocida Miguel Etchecolatz fue realmente notoria. Pero como si la falta de respeto a la Memoria, la Verdad y la Justicia fuera poco, hay una persona que fue íntimamente afectada.

Mariana sacó a la luz su historia en mayo del año pasado. Su apellido era Etchecolatz, pero después de mucho tiempo sintió el valor de cambiárselo por el materno, Dopazo. Fueron las marchas que le pusieron freno a la inclusión del beneficio del 2x1 en causas de Lesa Humanidad, las que animaron su confesión en los medios.

Ahora, Mariana decidió compartir con sus propias palabras cómo fue haberse enterado de la domiciliaria: "Es imposible que le den la domiciliaria’, me aseguraba mi mamá, para tranquilizarme. Hasta que nos llamaron para avisarnos. Todo se convirtió en silencio. No pude pensar, ni hablar más. Así estuve la noche entera, tratando de salir de la oscuridad”, relató en una carta publicada por la Garganta Poderosa.

“Sólo dos tipos de personas conocen verdaderamente a un sujeto como él: sus víctimas y sus hijos. Por eso, a mí que no me lo vengan a contar. Nadie puede venderme el discurso de la reconciliación, ni el cuento del viejito enfermo que merece irse a su casa. Quienes conocemos su mirada, sabemos de qué se trata. Hay centenares de genocidas con prisión domiciliaria, pero él nos hierve la sangre porque representa lo peor de esa época, tras haber sido la cabeza de 21 centros clandestinos y no haberse arrepentido ni un centímetro de sus acciones, fiel e incondicional a las mentes que planificaron ideológicamente la masacre”, advirtió Dopazo sobre su padre, sobre quien pesan cuatro condenas.

Aquel texto alcanzó este jueves un hito simbólico, pero muy representativo. En apenas 24 horas, la publicación de Facebook alcanzó y superó los 30 mil compartidos. Un número triste que se convirtió en un número de lucha, una gran cifra que demuestra el interés público por devolver al genocida al lugar de donde nuca debería haber salido. 

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