Barreda fue condenado en 1995 a prisión perpetua por matar a escopetazos a su esposa Gladys McDonald (57), su suegra Elena Arreche (86) y sus dos hijas, Cecilia (26) y Adriana (24). 

El terrible crimen ocurrió en La Plata, en 1992, y por la brutalidad de los actos fue uno de los asesinatos más famosos en la historia Argentina. Pero para muchos también fue objeto de chiste.

Según Infobae, desde que logró la libertad condicional Barreda vive en la localidad de San Martín, en una humilde pensión y lleva una vida bastante rutinaria a sus 82 años. 

 

 

Todos los días, Barreda va de la pensión al supermercado, de ahí a un bodegón y vuelve a su habitación. Por lo que mucha gente lo ve caminando y, en vez de repudiarlo, se sacan 'selfies' con él. 

"Sacarle una foto se convirtió en una especie de pasatiempo. El viejo se pone loco, no le gusta. Quiere que lo dejen comer tranquilo. Hasta yo tengo una selfie que me hice con él, si vieran la cara de odio que puso", cuenta el mozo del restaurante a Infobae. 

"Más de uno lo felicitó por lo que hizo. Alguno lo habrá hecho en broma, pero yo fui testigo de eso", dijo el hombre, a pesar de que Barreda se queja con los vecinos de las condiciones en las que vive, con una mensualidad del PAMI.

 

 

"La pensión es horrible, como toda pensión. Lo paradójico es que tiene rejas. Es decir: Barreda vive tras las rejas otra vez", cuenta un vecino. 

Según comentaron, suele recibir la visita de dos amigos y de una joven que conoció cuando vivía en General Pacheco. Pero llama la atención la cantidad de arengas por parte de mucha gente que recibe a diario. 

Ante las escandalosas muestras de apoyo que recibía en la calle, Barreda analizó: "El otro día estaba haciendo un racconto de toda la gente que me ha saludado y puedo decir que solamente de tres personas, dos mujeres y un hombre, escuché comentarios desfavorables. Un tres por ciento de insultos es un buen porcentaje".

Fuente: Infobae