Es interesante comparar  los símbolos, los hechos y los discursos que en conjunto constituyen el relato de cada gobierno.

Si Néstor Kirchner le dio un tono épico a aquella emocionante aseveración “no dejaré mis convicciones en la puerta de la casa de gobierno”, Mauricio Macri  redujo la política  a través de una definición dada por la negativa:  “No es una competencia para ver quién tiene el ego más grande”.

Si el santacruceño habló en su mensaje al Congreso de “traje a raya para los evasores”, el ex jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires aseguró que “luchará contra la corrupción”.

Si el ex gobernador de Santa Cruz, como primera acción, fue viajar a Entre Ríos junto a su ministro de educación a resolver un problema docente que arrastraba varios meses. El hijo de Franco en función de uno de sus ejes de campaña “de unir a los argentinos”, se dirigió a Exaltación de la Cruz para encontrase con el intendente vecinalista Adrián Sánchez alineado con el kirchnerismo.

Si con Néstor Kirchner entraron primero a la Casa Rosada las organizaciones sociales, los obreros de las empresas recuperadas, las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, con Mauricio Macri lo hicieron sus adversarios derrotados en las últimas elecciones: Sergio Massa, Margarita Stolbizer, Adolfo Rodríguez Saa y al día siguiente los gobernadores.  

Si con el ex presidente los representantes del poder económico tuvieron que esperar muchos días en ser recibidos, el ex presidente de Boca se encontró en las primeras 72 horas con los representantes del sector agropecuario, de la Industria, de ADEPA que agrupa a los grandes propietarios de medios, favoreciéndolos con medidas que había anunciado en la campaña electoral.

Si Néstor Kirchner propuso jueces de reconocimiento generalizado para la Corte Suprema y su aprobación por el Senado,  Macri designó dos jueces por decreto que produjo un rechazo enorme y que lo obligó a dar marcha atrás por un corto período.

Kirchner se abocó inmediatamente a tratar la renegociación  de la deuda caída en default; Macri  eliminó el control de cambio mal denominado cepo,  y devaluó. Kirchner no tuvo necesidad de devaluar porque ya lo había hecho el mercado a la salida de la convertibilidad en la presidencia de Eduardo Duhalde.

Kirchner se consideraba integrante de una generación diezmada, en un discurso con raíces en los setenta. Macri  carece de referencias históricas; sólo al pasar  menciona a Arturo Frondizi.

Si Kirchner  omitió el tema derechos humanos en sus gobernaciones, levantándolos con persistencia y convicción en su presidencia, Macri estuvo involucrado en actos de corrupción en su condición de empresario y ahora sostiene ser un cruzado contra ella.

Si para Kirchner la política fue confrontación de intereses,  Macri considera en cambio que “es el trabajo entre dirigentes modernos que trabajan en equipo para servir a los demás…. Queremos el aporte de todos…. después de tantos años de enfrentamientos inútiles.”.   

Si Kirchner armó un gabinete con funcionarios que venían de la política, Macri los recluta en los representantes de las corporaciones y en sus gerentes. 

EL DISCURSO MACRISTA EN ESPEJO DEL KIRCHNERISTA

Si el kirchnerismo eligió al macrismo como el enemigo deseable, el macrismo construye su discurso sobre las debilidades del kirchnerismo.

Así si fundamentalmente Cristina Fernández se presentaba como segura, certera, con rasgos de soberbia, Macri intenta dar la imagen de modesto y falible.  Si el kirchnerismo gobernaba con una mesa chica pequeña y hermética, Macri  abunda hasta la saturación del “trabajo en equipo”.

Si Cristina Fernández exhibía una capacidad oratoria excepcional en discursos largos y sustanciosos, la precariedad discursiva de Macri se la convierte en virtud, aludiendo en la necesidad de hablar en forma corta y precisa como mero soporte de la gestión. 

Si el kirchnerismo dejó retazos importantes de su credibilidad en la distorsión de los índices del INDEC, Macri  sostuvo  que “la política no es el escenario para engañar a la gente con datos falsos; quiero pedirles que nuestro lugar de encuentro sea la verdad".

Si el kirchnerismo se enfrentó con la corporación judicial, que ahora viene por su revancha, Macri expresó: "total apoyo a la Justicia independiente por haber sido en estos años un baluarte de la democracia, que fue la que impidió que el país cayera en un autoritarismo irreversible….. No existe justicia ni democracia sin Justicia independiente

Si el kircherismo enfrentó en su segundo mandato a la principal corporación mediática del país, Macri llegó de su mano y afirmó en ADEPA: “Vuelvo a felicitar y a agradecer a Adepa por la valentía que ha tenido en estos años y que tuvo el rol de la prensa  por la libertad de expresión, derecho esencial para todos".

Si Cristina Fernández no recibió nunca a Félix Díaz, uno de los referentes de las distintas fracciones qom, Macri  le abrió la puerta de Balcarce 50, antes que se cumpliera una semana en el gobierno. 

FALACIAS DEL DISCURSO MACRISTA

Las formas, una de las banderas de la campaña, basada en los acuerdos, los consensos, las conferencias de prensa, en la hipótesis  que todos buscamos lo mismo pero con procedimientos y metodologías diferentes, entraron rápidamente en crisis con la dureza de la realidad.  Se encontró con sus adversarios electorales en un gesto de urbanidad que se acercó más a una reunión social, pero cuando tuvo que tomar decisiones trascendentes (levantamiento del control de cambio, devaluación,  supresión de las retenciones) como era lógico en un gobierno, lo tomó en ejercicio del mando. Incluso no acordó en lo que escapaba a sus facultades como la designación de dos integrantes de la Corte Suprema de Justicia.

Las tres consignas de campaña tienen  incluidas falacias parciales o totales. Pobreza cero no existe prácticamente en ningún lugar del planeta. La guerra contra el narcotráfico se viene perdiendo en el mundo y en particular en EE.UU que es el país que posee todos los recursos y es el principal mercado consumidor. Y la unión de los argentinos es difícil de concretar porque hace más de doscientos años que hay dos proyectos enfrentados sin que ninguno pueda predominar definitivamente y en estos días eso ha quedado exteriorizado en las elecciones con la virulencia habitual.

Con relación a la justicia independiente forma parte de las tantas aseveraciones que constituye  un falso  lugar común. Macri afirmó textualmente: “En estos años fue un baluarte de la democracia e impidió que el país cayera en un autoritarismo irreversible. En nuestro gobierno no habrá jueces macristas. No existe justicia ni democracia sin justicia independiente, pero hay que acompañar a la justicia en un proceso en el que se limpie de vicios políticos. No puede haber jueces militantes de ningún partido.”

El poder económico tiene en el poder judicial una de sus trincheras más aceitadas y sólidas. A su vez los gobiernos necesitan contar con jueces a través de los cuales puedan obtener respaldo cuando se judicializan sus decisiones.

Si muchos gobiernos, incluido el kirchnerista, necesitó de los Oyarbides, al macrismo le resulta imprescindible disponer de los Bonadíos. Y desde ese bastión formal e hipócrita del republicanismo que es el diario La Nación, entre los vahos del champagne con el cual siguen celebrando la restauración conservadora a la que contribuyeron con entusiasmo e interés, su columnista estrella Carlos Pagni escribió el 17 de diciembre: “El Presidente pretende contar con dos jueces confiables en la Corte durante el rodaje inicial de su programa económico, que puede dar lugar a litigios peligrosos.” Apenas ha pasado una semana de cuando Macri leyó en el Congreso: No puede haber jueces militantes de ningún partido. A quienes quieran serlo les decimos claramente: no son bienvenidos si quieren pasar a ser instrumentos nuestros.”

En la misma semana que Mauricio Macri asumió la presidencia, el fiscal Jorge Di Lello que había pedido anteriormente el pase a juicio oral del procesamiento del presidente, desistió de solicitarlo. Los afectados por las escuchas, Sergio Burstein cuya mujer murió en el atentado a la AMIA y Néstor Leonardo, ex cuñado del presidente, mantienen su posición del juzgamiento oral del primer magistrado.

A su vez la Corte Suprema declaró la extinción por prescripción de la causa en la que se investigaba al actual Ministro de Comunicaciones Oscar Aguad que fue interventor federal de la Provincia de Corrientes entre 1999 y el 2001 por una presunta defraudación de sesenta millones de dólares.

Es el mismo funcionario que en el sumun del republicanismo, acaba de manifestar en relación a la ley de medios que “un presidente no puede estar subordinado a una ley.”

Precisamente el discurso republicano es un traje a medida de los que lo enarbolan entusiastamente mientras permanecen en la oposición para ser dejado en el cesto de basura de la puerta de la Casa de Gobierno.

FALACIAS DEL DISCURSO KIRCHNERISTA

Lo que erosionó parte de la credibilidad del discurso fue la adulteración grosera de los índices del INDEC, que llevó a situaciones absurdas de no proporcionar la cantidad de pobres porque en algunas provincias, las menos favorecidas, carecían de ellos por la magia estadística. La justificación del Ministro de Economía Axel  Kicillof estuvo en línea con este despropósito: “no se los cuantificaba para no estigmatizarlos”.

A esto se sumaron inauguraciones de obras sin estar concluidas, proyectos anunciados pomposamente por cadena nacional como pescado para todos, milanesas para todos, y otras similares, que eran parciales y de distribución geográfica limitada; planes faraónicos como los de la isla Demarchi que no pasaron de la maqueta; subsidios  a ciudadanos de alto poder adquisitivo en el uso de los servicios y hasta el 2011 a bancos y barrios cerrados,  entre otros, pueden computarse como agujeros en el relato por donde se escurrió una porción de credibilidad. A lo que se sumó una profusa campaña de denuncias periodísticas de corrupción que cumplieron su objetivo, aunque sólo algunas tienen solvencia para avanzar judicialmente     

EL DISCURSO COMO RELATO

Alguna periodista en un libro endeble afirmó aventuradamente que el peronismo histórico es un invento perpetrado en el relato ideado por Apold. Más recientemente ensayistas epidérmicos definen el relato kirchnerista como un artificio.

Hipólito Yrigoyen solía decir: “Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba”. Solía usar esta frase en los inicios tumultuosos de los gobiernos populares. Pero a una semana del gobierno macrista, descubro que también puede aplicarse a los días intensos y avasalladores del relato de la restauración conservadora.