Joan Laporta parecía el hombre providencial que llegaba para destrabar la complicada situación de Lionel Messi en el Barcelona después del conflicto con Bartomeu y el burofax.

El capitán argentino votó por él en las elecciones del club, se mostró alegre por su triunfo, y hasta aceptó reducir su salario a la mitad para seguir en la institución.

Pero de repente todo se cayó como un castillo de naipes y terminó inesperadamente en el París Saint Germain para dolor de los hinchas culés, que no se olvidaron lo que pasó y en el debut del equipo de La Liga embanderaron la sede con frases críticas al presidente.