Probablemente, el nuevo lanzamiento de la banda -formada a fines de los 00´s en ciudad de La Plata- sea su disco más honesto y a la vez su producción más ambiciosa. José Goyeneche (voz líder y guitarra) y Nicolás Kosinski (guitarra), entre mates y ladridos cuentan, en el barrio porteño de Villa Pueyrredón, cómo se llegó a dar forma a una obra que presentaba desde ya varios cambios respecto a lo que teníamos registro hasta ahora. Cambios respecto a los cuales la banda se muestra segura, fuera de toda seriedad pero con total compromiso. Rescatando, a fin de cuentas, lo lúdico de ser, en cierto sentido experimental jugando con la tradición pop argentina; sin dejar la búsqueda propia de una banda que saca jugo a no depender de nadie para generar su propio universo musical; que remite a bandas como Sonic Youth, Dinosaur Jr, pero también a Calamaro, Charly García o Intoxicados. O a cosas que no tienen nada que ver con referencias y que son el mayor logro de una búsqueda particular de cualquier grupo.



Pero a no confundirse. En el mundo de Valentín no hay mucho lugar para vueltas y enrosques; el flamante material es decididamente fiel al recorrido que fueron construyendo con sus anteriores trabajos –Play al viejo walkman blanco (2010) y Todos los sábados del mundo (2012); pero quizás lo más novedoso sea cómo se encaró el trabajo a partir de canciones que, siempre con una impronta pop, se lucen mucho más en esa faceta gracias a la producción; en este caso, más pulida, más sintética y más certera. Si bien los discos de la banda siempre estuvieron plagados de melodías y letras sensibles, este disco pareciera ser la captura instantánea de una mayor madurez que a fin de cuentas impregna de una fuerte vitalidad el espíritu de las canciones.

Con Todos los sábados del mundo, nacida en La Plata no detuvo su marcha: fue un disco que, como señala Kosinski, “nos llevó puestos: no paramos de tocarlo”; y eso terminó siendo relativamente problemático para llevar a cabo el proceso de composición y trabajo que demandaría un lanzamiento con mayor elaboración -desde la preproducción hasta el trabajo más fino en el audio- hasta la fecha. Era inevitable, ya que Todos los sábados… consolidó en gran medida la propuesta de su primer álbum: con mayor refinamiento, menos suciedad y mayor vuelo melódico: canciones ideales para pegotearse, emocionarse, ser coreadas y ser interpretadas una y otra vez. Tras algo más de 3 años, el nuevo disco de Valentín y los volcanes se hacía rogar y las nuevas canciones, como conjunto, tomaron un rumbo muy distinto al que acostumbraban trabajar los integrantes del grupo. No solo desde el pulido final –para el cual recurrieron nada menos que a Tweety Gonzalez- sino desde la composición y el armado del material.

“Acá flasheamos un poco con la vieja idea de la banda de rock que se va a una casa en la montaña y compone un disco grupal durante 3, 4 meses.  No resultó exactamente así pero fue más parecido a eso que a lo anterior. Las canciones fueron todas de la misma camada” comenta José. Tanto en Play… como en Todos los sábados… se construyó un disco que era suma de fragmentos, de canciones provenientes de etapas diferentes. El cantante, guitarrista y principal compositor señala que, a diferencia de los anteriores trabajos, el proceso de componer fue mucho más colaborativo y que se dio en un tiempo mucho más reducido, dotando a las canciones de una impronta más directa y homogénea, que se terminó reflejando en la producción. “Acá quisimos hacer un disco con más aire, que se pudiera tocar en vivo”.

Esgrimen que el disco tiene dos aspectos que reflejan la decisión de haber trabajado con un productor de la talla de Tweety Gonzales en un estudio más profesional: por un lado, la relación de su figura con el rock nacional que las canciones toman, en parte, como referente estético –desde Fito Paez a Gustavo Cerati- y  por otro, el trabajo mucho más cuidado sobre el audio. Sin embargo, tanto Nicolás como José comentan que, en lo conceptual, la propuesta de las canciones era muy concreta, por lo cual las decisiones estéticas partieron desde el interior de la banda. De cualquier manera, Valentín y los Volcanes corre con la ventaja de no poder ser encasillados en ningún género; a su vez, su estilo es fielmente reconocible en la canción pop, en su acepción más directa y al mismo tiempo más amplia. “La chica de la que estamos enamorados es la canción. Después como la vestimos, ese es otro tema. Hay muchas formas. Pero la chica siempre es la misma”, señala José. Las letras, uno de los rasgos fundamentales y más característicos de la banda, son funcionales a ese deseo de canción. “Siempre laburo –cuenta Goyeneche- las letras a partir de frases que justifican por sí misma toda la letra de la canción”, permitiéndoles generar pequeños mundos poéticos propios, particulares y ambiguos de igual modo, aunque siempre con la capacidad de producir identificación.

Una canción como “La tumba de los Rolling Stones” es un claro ejercicio de esto: una melodía que podría sonar en cualquier radio y que a la vez le pone fecha de caducidad –poética- a uno de los grandes íconos del Rock and Roll,-sin ninguna connotación necesariamente combativa contra el mainstream, claro está  a partir de que los mismos Volcanes los señalan como una de sus grandes influencias; funciona como una referencia lírica propia de la cultura pop insertada en una canción fresca que habla sobre la renovación del amor, sobre volver a lo simple de las cosas cotidianas. Sucede así también en otros casos: “Seguimos tratando los mismos temas pero buscando una forma más universal, que las imágenes terminen teniendo un estribillo super universal como ´Sonámbulos´ (´buscar / un poco de amor / fuera de este amor / no nos va a matar´). Pulimos la idea hasta que quede una frase redonda, que sea para todos. Ese es el laburo de la poética que quizás antes no estaba. Antes era más enroscado, más oscuro. Ahora tratamos que se entienda más”, explica Nicolás Kosinski. La sensación es que Una comedia romántica hace una revisión, de manera más genuina y consistente, de lo proyectado en trabajos anteriores, mediante una búsqueda que no por ser más pop huele a “mercado”: hay una mayor síntesis, una refinación de estilo que genera más apertura en las canciones, cuyo núcleo descansa entre un amor maduro y un romanticismo naif; que juega con los planos de significado y las consecuencias de superar el desencanto; que se muestra tonto, inteligente, superficial y profundo a la vez, bajo múltiples formas.

Aunque pudiera parecer una consolidación estilística, la banda no reconoce que este camino se haya dado más que naturalmente y sostienen que podría cambiar en trabajos siguientes. Sin embargo, se los ve cómodos, con ganas de disfrutar este material  y asimilarlo a sus shows en vivo, para lo cual tendrán pronto varias oportunidades. Así, banda estará presentando su nuevo lanzamiento el 9 de abril en su ciudad natal y el 11 de junio en los escenarios porteños. En el medio, ya tienen planeados algunos conciertos tanto en la provincia de Córdoba como en Uruguay.

Un valor importante del disco es romper con ciertos cánones, tanto del pop como de la música alternativa en general; una ruptura que, de todas formas ellos lo ven como algo característico , en parte, de cierto crecimiento en conjunto que fueron trabajando las bandas independientes en general, en tanto a una expectativa de progreso musical que va de la mano de pulir el estilo propio, sin prejuicios a la hora de acercarse a estructuras más redondas o mejor calidad de grabación: “Se podría dividir dos aspectos, por un lado en la búsqueda de mejorar la producción. Y por otro lado en que eso no debería quitarnos la independencia, que es lo más importante: mantener la autonomía en las decisiones artísticas. Me pone muy contento que viendo como crecen mis colegas, como Facu –de Tobogán Andaluz-, Migue –de La ola que quería ser Chau-, Maxi –Prietto-, Norma , El mato a un policía motorizado, todos cada vez encuentran más su estilo, y a pesar de que venimos todos de un mismo lugar, que pertenecemos a un mismo circuito independiente, se da que cada banda se va diferenciando más de la otra y eso me parece hermoso. Es el momento en que cada banda está sacando su disco cada vez más particular”, comenta José. Y al instante repone Nicolás: “Hubo un proceso muy natural en el que  al principio de la generación a la que nos referimos -cuando empezamos nosotros- había una especie de confusión en cuanto a la identidad de cada uno. Y ahora como asistimos al hecho de que cada banda ya tiene de 5 a 10 años, todos empezaron a pulir lo suyo. Esta generación nueva hace lo que hace porque le gusta”, señala, terminando de redondear un contexto que notan muy saludable en cuanto a la música independiente actual. Salud que Una comedia romántica llega para reafirmar; para que así se siga creciendo, a pesar de todo, por causa y efecto propios.

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Para escuchar a Valentín y los Volcanes acá