"Calculamos unas 100.000 personas", deslizó al pasar un integrante de la Fundación El Libro, antes de seguir corriendo para terminar los últimos aprestos de la noche de la feria con una programación de lujo encabezada por el homenaje de Pedro Aznar a Spinetta -en un escenario montado en la avenida Sarmiento- y la actuación de grupos del rock nacional en el stand de la Televisión Pública.

 

Familias enteras, con cochecitos de bebes y niños agarrados del manubrio que se querían parar en cada stand para mirar historias de dinosaurios o escuchar como les contaban un cuento, se alternaban con jóvenes hojeando historietas mientras se comían un pancho y tomaban una gaseosa.

 

También había abuelos con sus nietos, amigos, estudiantes, expertos buscadores de títulos y una marea que entraba y salía de la feria a un ritmo constante, incluso a pesar de la lluvia del sábado.

 

Y como un malón llegaban los seguidores de Alejandro Dolina, del gurú y ex niño prodigio Claudio María Domínguez, la chilena Pilar Sordo y otros nombres del universo mediático, de la radio y de la televisión.

 

Y como contraste, los que se dieron cita para renovar su compromiso con la literatura, muchos interesados por los escritores latinoamericanos o por las excelentes ofertas que ofrecían varias editoriales. Y algunos haciendo números para darse el lujo y comprarse ese libro deslumbrante, por encima de lo que pensaba gastar.    

 

La gente lo invadía todo en su afán por participar: algunos bailaban folclore en el stand de San Juan o los padres se arremolinaban en el espacio de Santiago del Estero para que sus hijos participaran de la clase de bombos, ambos situados en el pabellón Ocre, que tiene el ingreso por Plaza Italia.

 

Llegada la noche todo era algarabía, risas, bolsitas de libros y mucha música, para engalanar y entretener a esa enorme cantidad de visitantes que le dijeron que sí a la Feria del Libro.