En las películas, los efectos relacionados a las heridas y sobre todo la sangre, parecen tan reales que hasta sentimos el dolor de los personajes.

Una profesora de química decidió pinchar el truco cinematográfico y explicar cómo lograr un efecto de sangrado a partir de un corte ficticio.

El primer paso es bañar en alcohol el brazo de la joven, y luego mojar en una solución de yodo la supuesta arma "cortante".

El resultado son estos tajos de utilería, tan creíbles cuando los registra la lente de la cámara.