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EDITORIAL DE ALFREDO LEUCO 

 "Mira que cosa más linda/más llena de gracia/es esa chiquilla/que viene y que pasa/con un dulce balancear/camino del mar/Moza de cuerpo dorado/por el sol de Ipanema/su balancear/es más que un poema/es la cosa más linda/que yo haya visto pasar."
(Fragmento de "Garota de Ipanema", letra de Vinicius de Moraes, música de Tom Jobim, 1962, pieza fundacional de la bossa nova, inspirada en una jovencita a quien todos los días veían pasar por la famosa playa de Río de Janeiro).


En general, cuando los movimientos reivindicatorios, de la naturaleza que fueren, se radicalizan pueden correr el riesgo de extraviar o desnaturalizar sus verdaderos objetivos.

Más aún: hasta podrían transformarse en una mala copia de sí mismos. Una causa noble, de consenso cada vez más extendido hasta volverse grito popular y conciencia colectiva (#niunamenos) es exactamente lo que es: plantarse frente a la brutalidad del femicidio que está haciendo estragos en la sociedad argentina.

Hay que denunciarlo, hostigarlo y castigarlo hasta el destierro final. Pero si detrás de ese escudo indispensable se combinan cuestiones "de género" de espesura menor, quizá la prédica originaria resigne su eficacia.


La cosificación de la mujer tiende a ocupar el centro de este debate que ha enfermado de corrección política. Así mató al piropo gentil, aquella lejana galantería barrial hoy al parecer indicio irrefutable de un depravado al acoso. Un bocinazo es un ataque sexual latente.
Y los concursos de colas playeras ya se rindieron. ¿Será cierto que premiar un trasero bullicioso y estéticamente bello es producto de mentes enfermizas que sólo piensan en la mujer como un objeto? Que los creyentes se preparen para otras Sagradas Escrituras.
El Dios de la Biblia, se sabe, concibió al hombre "a imagen y semejanza" suya y de una costilla hizo surgir a Eva para que en sus días en el Paraíso Adán combatiera cierta soledad ontológica: "No es bueno que el hombre esté solo".


Dos mil años después, los concursos de belleza son denunciados por "violencia de género" de "hombres necios" porque promoverían la bulimia, la anorexia y la depresión, cuestiones presentes en cualquier familia y no por concurso alguno. Llegan tarde a la protesta.
Hace años que grandes firmas, y no sólo las de la moda, han reivindicado a su modo las rotundas redondeces renacentistas de las mujeres, contracara de tanta herejía de delgadeces.


Traseros ultra pulposos como los de Jennifer López o Kim Kardashian son reverenciados por legiones y cada vez más mujeres los admiran.


En confianza, si fuese por estos grupos exacerbados, Vinicius no hubiese podido escribir aquello de "mira que cosa más linda/más llena de gracia/es esa chiquilla/que viene y que pasa/con un dulce balancear/camino del mar...", como reflexionó en Pasiones el periodista Hernán Firpo.


Sería tachado de pervertido. Hace más de cinco siglos Miguel Angel esculpió el David, un mármol 5.500 kilos y 5 metros de alto. Sin él, el mundo sería menos bello. Si tienen dudas, mírenlo de atrás.


Este texto de Osvaldo Pepe me representa. No es habitual que yo utilice una columna de un colega para reflejarla en este espacio.
Pero en este caso comparto cada coma, cada opinión y cada giro literario. Por eso me permito apropiarme simbólicamente de ella.
Solo me gustaría agregar algunas otras reflexiones de mi propia cosecha para generar las más apasionada y sana de las polémicas que se pueda lograr.


Quiero decir que un grupo muy minoritario que lleva su pensamiento al extremo hacer alarde de su postura de izquierda revolucionaria pero han terminado, como suele ocurrir, con los ultras a la derecha.


Dice el poeta Mario Trejo: "De dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo/de la derecha cuando es diestra/ y de la izquierda cuando es siniestra".


O aquel talentoso mendocino, Armando Tejada Gómez, cuando planteó poéticamente que "como el mundo es redondo, si uno se corre mucho a la izquierda, termina abrazado a la derecha".


Todas las marchas contra la violencia de género y los despreciables femicidios, tienen consignas y objetivos que comparto absolutamente.


Pero siempre aparece un grupito zarpado que se mete cruces en la vagina o que ensucia la Catedral con pintadas delirantes y lunáticas y que se ven a sí mismas como libertarias y anarquistas.


Muchas veces se roban las imágenes de la tele y las fotos de los diarios y pasan a ser el eje de la manifestación de miles y miles de mujeres sensatas y corajudas que pelean por lo que tienen que pelear.


Estas muchachas le hacen mucho mal al colectivo Ni Una Menos. Expulsan a mucha gente que se asusta frente a semejante locura.
Pero más allá de eso hay ciertos pensamientos que de tan sobreactuados terminan ocupando el lugar opuesto al que quieren ocupar.
Hay minorías que son capaces de condenar cuadros como "La Maja desnuda" o esculturas como "La Venus de Milo", solo porque se trata de mujeres desnudas. Por favor. De todos lados se vuelve menos del ridículo.


Muchos años, mucha sangre, sudor y lágrimas les llevó a las mujeres poder tener la libertad de mostrar su cuerpo. Los pinochetistas en Chile y la dictadura de Videla fueron capaces de meter presos a chicas por el solo delito de usar minifaldas.
Esa era una lucha liberadora. Los sectores más conservadores y reaccionarios, en algunos casos ligados a lo más ultramontano de las religiones combaten eso.


No quieren que las mujeres muestren la belleza y la sensualidad, porque no, de los cuerpos más livianos de ropa. Resulta que ahora en pleno 2017, otras mujeres pelean porque esos cuerpos se oculten.


No quieren que las chicas desfilen en bikini en los concursos de belleza. No quieren que haya concursos de belleza.
Con el argumento de que eso cosifica a la mujer caen en pensamientos medioevales de los que querían ponerles túnicas hasta el piso a las mujeres porque consideran que una teta es la representación de satanás. No es cierto.


No está comprobado que una mujer en bikini en la playa o en una pasarella genere violencia de genero ni perversión alguna. Lo perverso y autoritario es querer ocultar, tapar, censurar.


Además, desde el punto de vista filosófico, pregunto: ¿Desde cuándo la belleza genera violencia? ¿Desde cuándo ocultar y tapar algo es progresista?


Y mucho menos ahora que, como bien dice Pepe en su columna, por suerte, todos los que generan tendencias han revalorizado las mujeres robustas y los rollitos que tanto nos gustan a muchos.


Finalmente me gusta poner el ejemplo de la fiesta popular de la Vendimia en Mendoza. Cada chica representa a un departamento con su cultura, sus raíces, sus sueños y también con su belleza. Con los distintos tipos de belleza.


A Algunos les gustan más flacas, a otros más rellenas. A muchos les gustan las morochas bien morochas o las rubias. Hay diversidad y es una diversidad que hay que celebrar. Y lo mismo pienso para los hombres.


No me parecen mal los concursos de míster Universo. Que son musculosos inalcanzables para los terráqueos pelados y gorditos como yo? Y qué problema hay.


Ojo con levantar el dedito y condenar todo como si cualquier cosa fuera un impulso a los femicicios. No banalicen el tema, no lo vacíen de contenido porque el tema es grave y hay que tratarlo con valentía pero también con racionalidad y sentido común.


En este tema como en casi todos los temas de la vida, los extremos son malos. Muchos grupitos que juegan a ser vanguardia, en realidad juegan para ellas. Se defienden a sí mismas. A sus posturas sectarias.


Me niego a aceptar que la belleza genere violencia. Me niego a aceptar que las minorías autoritarias nos quieren enseñar a vivir.