Isidore Heath Campbell admira fervientemente a Adolfo Hitler. Tanto que a partir del 8 de mayo su nombre pasará a ser Isidore Heath Hitler gracias a la venia de la justicia de Nueva Jersey que lo autorizó a modificar su apellido.

"Me llamaré como un héroe ahora", le dijo Campbel a MyCentralJersey.com. "Él salvó a Alemania, hizo crecer la economía, construyó rutas, creó empleos, todo a favor de la gente alemana. Estoy muy orgulloso", asegura Campbell desde su parcial visión de la historia

Campbell no es un desconocido para el sistema judicial de Nueva Jersey. En 2013, ingresó a los tribunales de Hunterdon Cpunty vestido con un uniforme nazi para solicitarle a un juez que le permitan visitar a su hijo menor, Heinrich Honz Campbell (en honor a Heinrich Himler, la mano derecha de Hilter), del que le quitaron la custodia apenas nació en 2011.

Sus otros hijos, Adolf Hitler Campbell, JoyceLynn Aryan Nation Campbell y Honzlynn Jeannie Campbell, también fueron llevados a un orfanato por denuncias de violencia en el hogar. En aquella oportunidad Campbell rechazó cumplir con la orden judicial de recurrir a la asistencia psicológica porque "el psicólogo era judío".

Además de sus controversiales ideas Campbell tiene un tatuaje con la esvástica en su cuello y su brazo y los nombres de sus hijos en otras partes del cuerpo.

"Sólo Trump ha considerado a la gente de Estados Unidos. Los otros sólo gobernaron para llenarse los bolsillos. Trump tiene razón. Hay que construir el muro y sacar a los inmigrantes de aquí. Tenemos que sacarlos a todos". Asegura este personaje que considera que Hitler se ocupó de los alemanes como no lo hizo nungun presidente norteamericano por los estadounidenses hasta la llegada de Trump.

En 2008, Campbell fue noticia por primera vez cuando una sucursal de la cadena de supermercados ShopRite se negó a decorar una torta de cumpleaños con el nombre de su hijo Adolf Hitler. Desde entonces, la prensa nacional lo conoce como el "papá nazi".

Como si fuera poco en el contestador automático de su teléfono saluda con un "Este es el teléfono del fuhrer" y termina con un "Tenga un buen día. Heil Hitler".

Cathy Bowlby, la ex esposa de Campbell, contó tras su separación que una de sus obsesiones era llevarla de visita al cementerio local para "mostrarme dónde me iba a enterrar el día que me matara".