"A nosotros nos están amenazando con sacarnos la legalidad", le contó a Diario Registrado Marcelo Sisci, delegado de la feria San Lorenzo. 

Desde hace unos años, los fines de semana la calle Defensa se vuelve peatonal desde Humerto Primo hasta la Plaza de Mayo, más algunas calles aledañas. Las mismas se llenan de color gracias a la inmensa feria que, poco a poco desde el 2001 a esta fecha, fueron armando feriantes y puesteros. Por la imagen, la variedad y el estilo, la feria San Telmo recuerda a la famosa El Rastro, en Madrid. Se cuentan por miles las personas que circulan por allí cada domingo -y algunos feriados- en lo que se volvió un paseo clásico para vecinos y en especial turistas.

Pero desde hace unos meses que la Ciudad está decidida a terminar de reconfigurar toda la zona, lo que amenaza a las cientos de artesanos y sus familias que podrían perder su fuente de ingreso. "El conflicto es por la asociación de anticuarios de San Telmo que piden por ellos mismos. Hay una cuestión meramente ideológica, quieren su cuadra limpia, sin nuestra presencia, no asumen que la realidad de San Telmo cambió hace muchos años", dijo Sisci. 

Movidos por la presión que imponen los anticuarios de la zona, el gobierno porteño liberó parte de la traza de la calle. Para ello, la Dirección General de Ferias, a cargo de  Gabriel Kuasnosky, llegó a un acuerdo con la Feria el Adoquín, una cooperativa que está dentro de la Corriente de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) que tiene como máximo referente a Juan Grabois, quien apoya la candidatura nacional de Cristina Fernández de Kirchner.

El acuerdo implica que, a cambio de liberar Defensa a partir del 800, donde se ubican muchos de los comercios de venta de antigüedades, El Adoquín podrá poner sus puestos en la calle Chile (donde ya están instalados) pero también en Defensa entre el 700 y el 800. ¿Cuál es el problema? Que en esa zona ya hay otras tres ferias instaladas que el Gobierno porteño busca sacar como sea.

"El Gobierno es el principal responsable, porque nunca hizo mucho por legalizar estos espacios. Ahora terminó haciendo esta firma con El Adoquín por presión de los anticuarios que incluso salían en el programa de Lanata tratándonos de delincuentes", contó Sisci. 

Tanto la feria San Lorenzo, como las otras dos que todavía no tienen el reconocimiento legal, gozan de un gran vigor gracias a estar en Defensa, por lo que sería muy perjudicial su traslado.

Este domingo los feriantes realizaron una gran manifestación que no cesó pese al calor agobiante. Los principales reclamos iban contra el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, pero también contra Gabriela Olguin, presidenta de la cooperativa El Adoquín y que firmó el polémico acuerdo con Ciudad.

Si bien Sisci destacó que el mayor responsable es Cambiemos, Sisci se mostró muy crítico del accionar de la referete de la CTEP. "Ella (por Olguin) dice que tiene voluntad de diálogo, pero no quiere romper relación con el Gobierno, ni darnos el lugar. Es como que se te meta un chorro en tu casa y después no te quiera dejar volver a usar tu casa y le tengas que pedir permiso para ir al baño", 

"En la primera semana del conflicto nos reunimos con Olguin junto con la Ciudad. Lo que quieren es darnos un pequeño pedazo. Si nos condenan sólo al pasaje de San Lorenzo nos morimos", contó con máxima preocupación el delegado. 

En estos momentos, los adoquines de la calle Defensa están en reparación, un trabajo manual -casi artesanal- que varios obreros realizan lentamente a lo largo de la traza.

Contrario a lo que se piensa, los puesteros aseguran que los comercios de la zona no tienen un conflicto. Más bien, por el contrario, porque una gran cantidad de personas se acercan gracias a que está la feria. "Hace tres semanas que no funciona la feria y los comerciantes están enojados porque no pasa la gente".

Una de las versiones del traslado era que, al terminar las obras, se habilitaría allí el uso de FoodTrucks. El alquiler que deben pagar los camiones por vender comida en la calle, es una gran fuente de ingreso para la Ciudad. Sin embargo, según pudo averiguar este medio, en principio no sería posible por la negativa del sector gastronómico que hay en el casco histórico y que se vería seriamente perjudicado.

Sólo el tiempo desnudará las verdaderas intenciones de este desalojo. En principio, Ciudad, anticuarios y un sector de los feriantes están de acuerdo. Pero son cientos los que protestan cada domingo.