A dos años y medio de aquel 1° de noviembre de 2009, en el que la Presidenta promulgó el decreto que dio origen a la Asignación Universal por Hijo, es un orgullo destacar su alcance en términos de la ampliación de derechos de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Y, a la vez, es vergonzosa la relativización de su impacto que se ha difundido por estos días, tomando como argumento una lectura mal intencionada y carente de rigurosidad metodológica.
En una nueva operación de prensa -a las que ya estamos acostumbrados-, los medios hegemónicos publicaron una información errónea a partir del apartado de un relevamiento realizado por el Observatorio de la Educación Básica de la Argentina, que les fue presentado en exclusiva e interesadamente por el Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP), sólo uno de los integrantes del organismo.
El primer dato falaz mencionado por los medios es el que indica que el Observatorio y sus acciones cuentan con el apoyo del Ministerio de Educación de la Nación. Esto no es cierto. Desde la cartera educativa lo único que se hizo -a pedido del Observatorio, que quería rigurosidad para su estudio- fue suministrarle una muestra de escuelas seleccionadas al azar, que es de información pública, nada más.
Nosotros -el Ministerio de Educación- hicimos una investigación con seis universidades nacionales, tomando 1.200 casos, en 7 provincias. Ese trabajo nos permitió ratificar algunos rumbos sobre la Asignación. Primero, comprobamos que gracias a ella se dio una reincorporación efectiva de 130.000 chicos a la escuela, que estaban afuera del sistema educativo. Segundo, confirmamos que a partir de la vigencia de la AUH se ha logrado mejorar el presentismo en la escuela y la relación de los alumnos con ella. El vínculo de los chicos provenientes de sectores pobres con la escuela era distante, inestable, discontinuado, y lo que ha ocurrido a partir de la vigencia de la AUH es un presentismo y una mayor constancia. 
A su vez, el estudio que llevamos adelante reveló un mayor grado de conciencia y de revalorización de la escuela pública por parte de los estudiantes y de sus familias, y una evidente mejora de la condición de vida de los alumnos, e incorporación de nuevos consumos culturales, este es un rasgo profundo de dignidad que ha traído la Asignación Universal por Hijo. 
 
En tanto, si bien es cierto -como indica la encuesta del Observatorio- que el reingreso escolar que posibilitó la AUH fue mayor en el nivel secundario que en el primario, esto está dentro de los esperable y buscado porque la educación primaria prácticamente no tiene problemas de cobertura. En cambio, el nivel medio es el que más nos demanda y al que estamos destinando políticas intensas y activas que apuntan a atraer a los jóvenes que aún no están en la escuela. 
Por otra parte, más allá de lo que los editores periodísticos elijan destacar de dicho relevamiento, hay que remarcar que se trata de un informe sacado de contexto, con serios problemas metodológicos. Elabora conclusiones que se basan en la “percepción” de los directores de las escuelas –claramente, de carácter cualitativo- y las presentan como datos cuantitativos.
Es claro que intencionalmente se elige una de las medidas más importantes que creó este gobierno creyendo que así se la puede dañar. Y se hacen eco de ese ataque aquellos que cuando eran gobierno destinaban a la educación apenas el 3% del PBI y, con suerte, construían sólo 14 escuelas. 
Formamos parte de un Estado que destina el 6,47% de su PBI a la educación, ya construyó más de 1.700 escuelas, y cuenta con datos sólidos que prueban que la Asignación Universal por Hijo ha tenido y tiene un importante impacto, ha mejorado la educación y está cumpliendo la función para la cual fue creada. Sabemos que tenemos que seguir trabajando y realizando los controles necesarios para que se cumplan las dos condicionalidades: la sanitaria y la educativa, que se les pide a quienes reciben la AUH. 
Pero que proclamemos ese desafío y asumamos el compromiso de seguir profundizando la tarea no significa que permitamos que se eclipse e incluso oculte lo sustancial: la AUH es la política social más extraordinaria, contundente y renovadora de las últimas décadas; y ya pertenece al orden de las medidas que no tienen vuelta atrás, que viene a quedarse para siempre y es imposible que sea desmontada. Esto sólo sucederá por el proceso virtuoso del crecimiento económico, de la igualdad y la inclusión en la Argentina, cuando muchos de los que hoy la reciben pasen a ser trabajadores en otras condiciones. 

A dos años y medio de aquel 1° de noviembre de 2009, en el que la Presidenta promulgó el decreto que dio origen a la Asignación Universal por Hijo, es un orgullo destacar su alcance en términos de la ampliación de derechos de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Y, a la vez, es vergonzosa la relativización de su impacto que se ha difundido por estos días, tomando como argumento una lectura mal intencionada y carente de rigurosidad metodológica.

 

En una nueva operación de prensa -a las que ya estamos acostumbrados-, los medios hegemónicos publicaron una información errónea a partir del apartado de un relevamiento realizado por el Observatorio de la Educación Básica de la Argentina, que les fue presentado en exclusiva e interesadamente por el Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP), sólo uno de los integrantes del organismo.

 

El primer dato falaz mencionado por los medios es el que indica que el Observatorio y sus acciones cuentan con el apoyo del Ministerio de Educación de la Nación. Esto no es cierto. Desde la cartera educativa lo único que se hizo -a pedido del Observatorio, que quería rigurosidad para su estudio- fue suministrarle una muestra de escuelas seleccionadas al azar, que es de información pública, nada más.

 

Nosotros -el Ministerio de Educación- hicimos una investigación con seis universidades nacionales, tomando 1.200 casos, en 7 provincias. Ese trabajo nos permitió ratificar algunos rumbos sobre la Asignación. Primero, comprobamos que gracias a ella se dio una reincorporación efectiva de 130.000 chicos a la escuela, que estaban afuera del sistema educativo. Segundo, confirmamos que a partir de la vigencia de la AUH se ha logrado mejorar el presentismo en la escuela y la relación de los alumnos con ella. El vínculo de los chicos provenientes de sectores pobres con la escuela era distante, inestable, discontinuado, y lo que ha ocurrido a partir de la vigencia de la AUH es un presentismo y una mayor constancia. 

 

A su vez, el estudio que llevamos adelante reveló un mayor grado de conciencia y de revalorización de la escuela pública por parte de los estudiantes y de sus familias, y una evidente mejora de la condición de vida de los alumnos, e incorporación de nuevos consumos culturales, este es un rasgo profundo de dignidad que ha traído la Asignación Universal por Hijo.  

 

En tanto, si bien es cierto -como indica la encuesta del Observatorio- que el reingreso escolar que posibilitó la AUH fue mayor en el nivel secundario que en el primario, esto está dentro de los esperable y buscado porque la educación primaria prácticamente no tiene problemas de cobertura. En cambio, el nivel medio es el que más nos demanda y al que estamos destinando políticas intensas y activas que apuntan a atraer a los jóvenes que aún no están en la escuela. 

 

Por otra parte, más allá de lo que los editores periodísticos elijan destacar de dicho relevamiento, hay que remarcar que se trata de un informe sacado de contexto, con serios problemas metodológicos. Elabora conclusiones que se basan en la “percepción” de los directores de las escuelas –claramente, de carácter cualitativo- y las presentan como datos cuantitativos.

 

Es claro que intencionalmente se elige una de las medidas más importantes que creó este gobierno creyendo que así se la puede dañar. Y se hacen eco de ese ataque aquellos que cuando eran gobierno destinaban a la educación apenas el 3% del PBI y, con suerte, construían sólo 14 escuelas. 

 

Formamos parte de un Estado que destina el 6,47% de su PBI a la educación, ya construyó más de 1.700 escuelas, y cuenta con datos sólidos que prueban que la Asignación Universal por Hijo ha tenido y tiene un importante impacto, ha mejorado la educación y está cumpliendo la función para la cual fue creada. Sabemos que tenemos que seguir trabajando y realizando los controles necesarios para que se cumplan las dos condicionalidades: la sanitaria y la educativa, que se les pide a quienes reciben la AUH. 

 

Pero que proclamemos ese desafío y asumamos el compromiso de seguir profundizando la tarea no significa que permitamos que se eclipse e incluso oculte lo sustancial: la AUH es la política social más extraordinaria, contundente y renovadora de las últimas décadas; y ya pertenece al orden de las medidas que no tienen vuelta atrás, que viene a quedarse para siempre y es imposible que sea desmontada. Esto sólo sucederá por el proceso virtuoso del crecimiento económico, de la igualdad y la inclusión en la Argentina, cuando muchos de los que hoy la reciben pasen a ser trabajadores en otras condiciones.