- ¿Ya nos olvidamos de la explicación ininteligible de la Presidenta del Senado, hablándole al periodista de “la luz al final del túnel”? - Que era un tren que venía de frente. Independientemente de que convenza o no, está claro que el Presidente de la Cámara de Diputados está lejos de aquellas alocuciones grotescas. El martes el periodista de C5N le demandaba a Sergio Massa una iniciativa que resulte en una inmolación popular.

Vivimos en un país donde un porcentaje suficientemente poderoso con fuerte apoyo ciudadano no aceptaría vivir ni una semana bajo la presión de un bloqueo externo. La valentía trotskista consiste en imaginar alternativas quimérico-fantásticas y la del conservadurismo oficinista, “aceptar lo que diga Griesa” o “enamorarse de Lagarde” (Macri), implementando programas incoherentes inconsistentes, cuyo límite social ya se estableció hace justo 20 años.

La fantasía de la alternativa “pateemos el tablero” no es más que un dislate que nos impide analizar debidamente la situación en la que nos encontramos. En el periodismo de guerra el uso de la mentira como principal arma política para ofrecernos soluciones coincide con la aparentemente lucidez de quienes consideran que nada queda lejos de su acotado campo. -¿Cómo no se le ocurrió a nadie “patear el tablero”?-

El Gobierno de Cambiemos sucumbió a la imposición externa y acordó todo lo que fuera necesario para mantener las libertades lucrativas de sus amigos. Fueron pródigos en donativos desde que comenzó el Gobierno de Cambiemos. Recuerde el extraño pago a los fondos buitres con préstamos ininteligibles. Ese era “el momentum” para que nuestros legisladores, políticos y movimientos sociales con discursos emancipadores plantaran cara a los vende patrias y cipayos que comenzaban a consumar la entrega del país.  Buena parte de la ciudadanía rechaza la inaceptable claudicante experiencia PRO-UCR. Ahora es extemporáneo el planteo de “no acuerdo”, es una idea que puede ser explotada para sentar los cimientos de “cuanto peor mejor”.

Había que marchar sin cesar entre 2015 y 2019. Resistir viene primero, después conquistar. La resistencia fue precursora del retorno de Perón. Y, no al revés. Cuando un Gobierno popular se hace cargo del Estado en la Argentina, se enfrenta siempre a una alineación hostil organizada para frustrar sus planes. Sin embargo la movilización popular en contra de un acuerdo subordinado a la receta estándar del FMI “pour la gallerie”, ayuda a negociar, aunque hoy tiene ese único y limitado alcance.

Estamos de acuerdo en que nada resultaría más escandaloso que un Frente que no está en armonía con las políticas del FMI, acuerde cualquier cosa. Pero eso no es lo que viene sucediendo, o ya se hubiera firmado. Es obvio que frente a la coacción externa e interna organizada se viene desarrollando una estrategia negociadora para mitigar las consecuencias entre un rompimiento de las negociaciones y la asimilación obediente de la receta estándar.

El Congreso tratar el plan y el acuerdo

El Gobierno enviara al Congreso un esquema del plan económico y del potencial acuerdo que será tratado con el FMI, subsiguientemente, el Congreso estudiara su aprobación. Tomando en cuenta que se firma un acuerdo, el mismo no será para acordar a pie juntillas lo que el FMI va a pedir, sin embargo es posible lograr un programa macroeconómico consistente y sustentable en el cual progresivamente se vayan reduciendo los desequilibrios heredados del Gobierno de Cambiemos y la Pandemia.

El acuerdo no incluirá los repetidos avances en implementar las reformas estructurales del Consenso de Washington. La Argentina no tendrá que aceptar condicionalidades fiscales, monetarias y cambiarias. Habrá metas cuantitativas de déficit fiscal primario, aunque el FMI no exigirá una meta de “déficit primario Dujovne”. Probablemente habrá metas nominales del déficit primario, pero no como porcentaje del PBI. Tal vez el FMI pretenda que el déficit primario de 2022 sea inferior al de 2021, donde los crecientes niveles de recaudación van a contribuir de manera decisiva.

El FMI no se resistirá a aumentar la presión tributaria, ya que el Gobierno no va a bajar el gasto. En términos fiscales se desplegarán recursos técnicos para proponer cuestiones sobre las tarifas de los servicios públicos. Es posible que el FMI sugiera alguna baja del gasto en subsidios y haya que bajar el financiamiento monetario al Tesoro porque el Gobierno no quiere enfrentar consecuencias sociales emergentes de desbordes. Tendremos una política monetaria menos restrictiva que las que suelen ocurrir durante los planes de estabilización que hemos conocido, el FMI consentirá la posibilidad de emitir moneda para comprar dólares-como en la era NK-dada la realidad de las reservas netas.

Indudablemente en el mundo se viene una suba de la tasa de interés, que no se podrá obviar. Sobrevendrán metas y un camino de progresiva acumulación de reservas netas, ya que es imprescindible para sostener la soberanía política y la independencia económica. Afortunadamente la oferta de divisas es voluminosa, y aunque la demanda no cede, se logrará una conveniente convergencia. Nadie en el Gobierno piensa en una rápida eliminación de las restricciones cambiarias. Tácitamente, existe la insinuación de una devaluación del peso, pero no será más que eso. Se va derribando el pronóstico agorero de quienes soñaban con un rompimiento con el FMI, los mercados se anticipan. Subieron los bonos y papeles privados, cayó en riesgo país y la cotización del denominado dólar blue.

El coincidentemente deseado (por la oposición) y disfrazado (por el oficialismo) forcejeo al interior del frente es “pour la gallerie”, si bien la diligencia de un acuerdo digno no esta exento de vaivenes. El FMI sabe que para que se pudiera cumplir lo que acordó el Gobierno Macrista, habría que declarar “ayuno y oración” como en los tiempos de Josafat, pero por un periodo de cinco años y. el cuerpo humano no está preparado para ello.

Pragmatismo

Hegel siempre hizo hincapié en que lo que importa de un acto no es la intención interior, sino el resultado social. Los peronistas odian en secreto al FMI, pero es mejor para el pueblo que negocien los peronistas, que permitir que vuelva Macri y acuerde él mismo. Porque de esta manera se minimizan daños como los que se produjeron de 2016 en adelante, por no haber cerrado un acuerdo-que pudo ser en el peor de los casos, mucho más digno-con los fondos buitres. - ¿Aprendimos la lección? - Recordemos a Marcuse y la represión normal, la renuncia a las presiones libidinosas, necesarias para la supervivencia.

Hace exactamente 16 años (diciembre de 2005) Néstor Kirchner decidió cancelar por adelantado la deuda del FMI y, en lugar de alegrarse de cobrar, el FMI y sus criados rioplatense expresaron su preocupación de que la Argentina recobrara libertad e independencia de los organismos multilaterales de crédito, para abandonar las rigurosas políticas económicas y entregarse a un gasto desenfrenado, según su concepción política del gasto publico.

Sabemos que la deuda es un instrumento de dominación: “El rico se enseñorea de los pobres, Y el que toma prestado es siervo del que presta” (Proverbios 22:7) La Biblia RVR1960. El autentico objetivo ha sido más que prestar dinero para recuperarlo con intereses, más que la deuda privada se le pague a los fondos que hicieron “carry trade”, mas que se les regalen dólares a $20 a todo aquel que quisiera fugarlos. La idea también fue que el FMI se eternice para que aunque gane el peronismo, el país se mantenga en una situación permanente de dependencia. El Gobierno de Alberto Fernández admite la deuda con el FMI, pero sin culpa y, negocia sabiendo que los argentinos somos víctimas de un desastre inmerecido. La campaña permanente de los medios de comunicación y los economistas domésticos nos presentan como un país que alimenta perezosos, mantenidos por “contribuyentes normales” que se asimilan a aquellos de “los países serios”. Esto es falso de toda falsedad, los que reciben el subsidio son tributarios de la inflación por la falta de dólares de quienes los fugaron. Pero debemos ser realistas: “Le mieux est l'ennemi du bien”. No aceptemos el razonamiento de un genio con la “Falacia del Nirvana”, que consiste en rechazar una acción o una idea comparándola con lo mejor, tan superior que resulta imposible de lograr. Negociar, dilatar, dejar que se caiga el pago delante de sus ojos es posible, “patear el tablero” no existe.

 (*) Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani