Un editorial del periódico Tehran Times, del 14 de julio del presente año terminaba con el siguiente párrafo: “Sin duda, Teherán no olvidará la política antiiraní de Buenos Aires.   Si bien Irán ha demostrado que no juega fácilmente en el tablero de ajedrez del enemigo, en el momento y la posición adecuados, impondrá su propio juego al enemigo y le hará arrepentirse de su enemistad con Irán”.

El mismo texto no parece ser más que una bravata, ya que reconoce, con una metáfora ajedrecística, la relativa impotencia iraní en contextos ajenos al ámbito mesoriental. Pero inmediatamente, las agencias de noticias internacionales de Occidente, los analistas de política internacional, el periodismo político, y numerosos tertulianos de medios de comunicación, leyeron una amenaza directa del gobierno iraní al gobierno de la República Argentina, como posible represalia a las acusaciones hechas a ese país en ocasión del 30 aniversario del atentado a la Amia.

Esta interpretación es tributaria de una visión unilateral del conflictivo proceso político de Levante y Medio Oriente. La narrativa instalada pone a la República Islámica de Irán como el único factor excluyente en ese proceso al modo en que un titiritero mueve sus títeres. Así bajó esta lectura el movimiento palestino Hamas, el partido político libanés Hezbollah, y el movimiento político de los houthis yemenitas, son todo lo mismo: marionetas manipuladas por un único poder homogéneo y hegemónico de la República islámica de Irán, que sólo ejecutan las acciones que les son dictadas por esa nación, sin ninguna agenda propia.

Pero esa visión unilateral y conspirativa es incorrecta, ya que el conflicto político en Palestina no se entiende fuera de un contexto histórico que comienza en la lucha entre el Imperio Británico y el Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial, y que se origina en las políticas anti-otomanas que los británicos emplearon y que involucraron poblaciones europeas que intentaban emigrar a esas tierras. Sin esta referencia, la suposición de que toda la dinámica del conflicto en Palestina es pura exposición de la voluntad dominadora iraní es por lo menos ingenuo, sumando además que las situaciones políticas del Líbano y de Yemen, han generado conflictos políticos internos con raíces de varias décadas atrás, y no se entienden en su génesis ni en su estructura, sin una referencia directa a los efectos de los imperialismos coloniales francés y británico respectivamente. Estos imperialismos se retiraron de algunos territorios dejando situaciones latentes que han generado guerras civiles continuas e interminables, involucrando actores gubernamentales y otros no gubernamentales, y que durante la Guerra Fría se fueron aliando sucesivamente con uno u otro de los bloques de poder, y luego de la caída del Muro de Berlín y sus efectos en la política mundial, se insertan en modos diversos con el complejo proceso de lucha entre hegemonismos mundiales.   Sin un marco de referencia histórico y político bien preciso, los conflictos del levante y medio oriente es directamente imposible.

Y lo mismo ocurre con la idea de que el gobierno iraní sea un gobierno monolítico sin fisuras y con un absoluto control de sus aliados. Para entender esto cabe una analogía: cualquier repaso histórico de la Argentina desde el restablecimiento de la democracia hasta el presente, muestra que uno de los problemas estructurales y no solucionados hasta ahora ha sido la persistencia de enclaves oscuros en la maquinaria del Estado: el sistema de inteligencia. En muchos casos este sistema ha actuado como una suerte de proto-gobierno encubierto, con una agenda propia independiente de quién ejerciera la administración central. Esta experiencia de una estructura gubernamental fragmentada con áreas autónomas del poder ejecutivo, nos da un modelo para pensar lo que es la gestión en un estado tan complejo y cruzado por actores diversos como es el caso de la República Islámica de Irán en donde hay agencias estatales que prácticamente tienen una autonomía total respecto del estado central. Y que pueden entablar alianzas con actores no gubernamentales en el proceso político de Levante y Medio Oriente, fuera de la política exterior orgánica de esa nación.

Esta situación volátil, impredecible, y en continuo cambio, lleva a aconsejar que los países ajenos a esa región eviten tomar posiciones absolutamente aliadas con uno de los bloques de naciones involucrados en ese en esa dinámica.  Y este es particularmente serio en el caso de la alianza que la República Argentina ha establecido con la OTAN, que cada vez está teniendo más un carácter ofensivo con alcance territorial más allá del tratado que le dio origen y la circunscribía al ámbito noratlántico y europeo. Hoy muchas naciones de Medio Oriente y de la región Asia Pacífico están percibiendo a la OTAN como un actor que interviene proactivamente en esas regiones y toman muy en serio esta cuestión.

Ello señala los inconvenientes de entablar alianzas en regiones ajenas a los intereses nacionales históricos de los países de nuestra región.   Y ello cuando la experiencia comparada permite sostener que la violencia política no sigue una lógica precisa, ni que los actores no gubernamentales operan sólo bajo los mandatos externos.   Por el contrario, la lucha por liderazgos e influencias locales han sido y son incentivos muy potentes para medidas de acción directa desesperadas.   Que muchas veces encuentran justificaciones y estímulos en interpretaciones radicales de textos y sistemas de creencias religiosas.

¿Tendrá la Argentina riesgos crecientes en esta situación? La futurología no es una ciencia, sino una disciplina prudencial que solo permite administrar probabilidades de riesgos. En un área geográficamente lejana de Sudamérica y del Atlántico Sur y con tradiciones históricas muy complejas y muy dinámicas que muy poco tiene que ver con la historia de nuestro continente y de nuestras proyecciones políticas y económicas más inmediatas la afirmación del no compromiso y la neutralidad parece ser la única regla aconsejable. Al menos reduce cualquier riesgo y pone a la nación argentina fuera del foco de posibles agresores.