"Buscaba constantemente el 'selfie' perfecto, y cuando me di cuenta de que no podía quise morir. Perdí a mis amigos, mi educación, mi salud y casi mi vida", cuenta Danny Bowman al Mirror Online.


El joven empezó a publicar autorretratos en Facebook a los 15 años, y se tomaba muy a pecho las críticas que escribían en los comentarios. "Los niños pueden ser muy crueles. Uno de ellos escribió que mi nariz era demasiado grande para mi cara, otro comenzó a criticar mi piel", cuenta Danny, explicando que para obtener la aprobación de sus amigos en las redes, empezó a hacer más selfies.


La caza paranoica de la autofoto ideal comenzó cuando Danny decidió hacer realidad su sueño y se fue a una agencia de modelos, pero no pasó la selección. Entonces se dedicó a tomarse decenas de fotos diarias incluso justo después de despertarse.


"Sonaba el despertador y podía sacarme 10 fotos antes de ducharme. Luego me hacía otras 10 después de la ducha y 10 más después de arreglarme. Luego pasaba horas mirándolas y examinando mis facciones, mi piel. Tomaba 'selfies' en la cama, en el baño, todo el día hasta la madrugada", confiesa.


Como resultado de esta adicción Danny dejó los estudios, se encerró en casa, abandonó a sus amigos y empezó a mostrarse agresivo con sus padres cuando intentaron controlarlo. "Podía pasar horas mirando fotos de mi ídolo, Leonardo DiCaprio, y luego me sacaba un sinfín de fotos en diferentes poses para parecerme a él aunque fuera solo un poco. Pero lo único que sentía es que yo era feo", lamenta.


La frustración por no lograr la foto que quería lo llevó a tomar la drástica decisión de ingerir una gran dosis de somníferos, pero afortunadamente su madre lo salvó.


Ahora, el joven está siguiendo una terapia para superar su adicción a la tecnología y hace siete meses que no se saca ninguna foto. "Es un problema real, como la drogadicción, el alcoholismo y la adicción al juego", reflexiona Danny, y agrega: "No le deseo a nadie pasar por lo que he pasado yo".