Desde hace 350 años, Francia y España comparten su soberanía sobre una diminuta isla que está entre las fronteras de ambos países y el próximo 1 de febrero Francia entregará 3.000 metros cuadrados de su territorio a España de acuerdo a lo establecido, para seis meses después volver a recuperarlos. 

Se trata de la isla de los Faisanes cercana a Hendaya, un centro turístico de playa vasco francés. Más allá de un largo rompeolas se encuentra la histórica ciudad española de Hondarribia y su vecina, la extendida área urbana de Irún. La frontera natural es el río Bidasoa, que desemboca en un estuario que divide a los dos países.

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Como describió el cronista de la BBC, se trata de "una pacífica e inaccesible isla en el medio del río, con una cubierta de árboles y una hierba cuidadosamente cortada, y un antiguo monumento que rinde homenaje a un notable evento histórico que ocurrió aquí en 1659."

Durante tres meses, españoles y franceses negociaron el final de su larga guerra en la isla, ya que se consideraba territorio neutral. Incluso se llegaron a extender puentes de madera de ambos lados. 

Aunque finalmente se firmó un acuerdo de paz: el Tratado de los Pirineos en el que se delimitó la nueva frontera entre ambos países. Y el trato fue sellado con una boda real, ya que el rey francés Luis XIV se casó con la hija del rey español Felipe IV.

Durante seis meses del año —del 1 de febrero al 31 de julio— la isla está bajo dominio español, y durante los siguientes seis meses es francés. Este tipo de soberanía conjunta se llama un condominio, y la isla de los Faisanes es uno de los más antiguos que existen.

Las mareas del río hacen que a veces se puede llegar a la isla a pie desde España, lo que obliga  a la policía a estar más atenta ante posible curiosos. 

La isla es diminuta, con poco más de 200 metros de largo y 40 de ancho. Muy de vez en cuando, se invita al público a visitarla en días de apertura especial. 

Actualmente, la isla se está erosionando y ha perdido casi la mitad de su tamaño a lo largo de los siglos, a medida que la nieve derretida llega desde los Pirineos hacia el río. Pero ninguno de los dos países quiere gastar dinero reconstruyendo las defensas de la misma.

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