"Las mujeres son vírgenes, aunque cojan: no gozan su cuerpo ni el del otro, participan del coito de otro, no en el coito; lo sufren, obedecen y cumplen como un deber que, por otra parte el matrimonio santifica, pero con la finalidad implícita de tener hijos, de procrear. Eso sí, "los hijos que Dios quiera". Las partes del cuerpo femenino que intervienen en la procreación, según la cultura genital como la vulva o los senos, no existen. La mujer sólo es vientre y sus senos son fuentes de alimento, son senos nutricios para el hijo, dejan de ser parte de su eros. Su vulva no es florida, es negada, ocultada, tabuada hasta lograr su inexistencia. La vulva es sobrevalorada, por negación, como el centro fetiche del cuerpo y del universo femenino". Marcela Lagarde, Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas.


Si tenés muchas ganas de coger, no se te tiene que notar. Si te gusta un chico mirá para otro lado y no demuestres interés alguno. Las mujeres esperan. Y aquellas que sienten placer son tildadas de putas. Si a vos te gusta mucho alguien y querés que te tome en serio, tenés que dar una imagen pulcra. Él tiene que pensar que vos re podrías ser la madre de sus hijos. Y tenés que saber, amiga, que las madres cogen solo para procrear, el amor por el disfrute no es digno de una dama.

Todos esos preconceptos y mentiras disfrazados de consejos fueron con los que crecí y seguramente vos, mujer que leés esto y tenés alrededor de treinta, también tuviste y tenés en cuenta estas cosas a la hora de conocer a alguien. Ellos cazan, vos sos la presa. Y cuanto más difícil, mejor. Cuando menos entregues todo tu universo físico a un tipo, más te van a valorar. Porque si querés formar una familia, tenés que ser decente. ¿Nalgadas? ¿Tiraditas de pelo? ¿Tríos? ¡Jámas! Si sos madre, estás casi castrada. A menos que quieras un hermanito para tu bebé, bueno, ahí sí. Cogé, pero nada de tanto disfrute. 

 Sí. De a poco las cosas cambiaron. No lo suficiente como para que no nos maten más. Tampoco como para que nos dejen de molestar por la calle ni para que nos paguen lo mismo o para que dejen de ponernos en publicidades de cervezas como parte del producto vendible. No exageremos. Pero lo cierto es que nuestros padres vienen cargados de cientos de prejuicios que hoy se ponen en duda y que antes estaban tan naturalizados que, si después de una noche de borrachera y descontrol te desvirgaba un pibito desconocido, olvidate: por fácil  quedabas sola y cuidando a tus padres por el resto de tus días.

Si bien el señor Sigmun Freud se lo considera(o) un pensador con tintes machistas (en su teoría y análisis sostiene que la mujer sólo se siente plena cuando está embarazada ya que durante lo largo de su vida quiere el pene que nunca tuvo) supo explicar este binomio que todas, en mayor o menor medida, sufrimos: la puta o la madre. La puta satisface el goce, la madre representa al amor. Esas dos contrapuntas son nuestra pesadilla. Las publicidades lo marcan bien, la mujer de aritos de perla y sweters color pastel lleva a sus hijos al jardín y los alimenta mientras él con sus amigos baila en un bar mientras toma cerveza rodeado de tres o cuatro señoritas atrevidas y escotadas.

Pero no lo vamos a citar a él, de él hay mucho. Cientos y cientos de libros con sus teorías y explicaciones del supuesto porqué de la histeria femenina. Vamos a citar a Irene. Irene tiene treinta y dos  años y dos hijos. Irene estudió ciencias políticas, realización audiovisual y hoy es chef. Irene, además de todo eso, es feminista. Irene no es 'mami', Irene es mamá y, como tal, tiene algunas cosas para decir al respecto. 

Todo comenzó más o menos en el 2010, cuando iba a comprar las pastillas anticonceptivas a una farmacia atendida por su dueño. Por alguna razón, nunca le cuestionaba el hecho de que envolviera frenéticamente el paquete. Supongamos que pedía las Mirelle, un blíster de Actrón y Plidex (una especie de “ansiolítico de venta libre”). Entonces metía todo dentro de una bolsita, pero envolvía exageradamente las pastillas: la evidencia (?) de que mi vida sexual era activa. Tendría que haberle preguntado. Aunque tenía varias farmacias cerca de mi trabajo, reconozco que le compraba al señor porque me divertía ver cómo lo avergonzaba ver que una mujer comprara pastillas sola. Al año siguiente fui a comprar un Evatest. La cara de desagrado del señor fue escandalosa. Tal es así que cuando se fue a buscar el test de embarazo a una suerte de depósito, yo miré a la mujer que lo auxiliaba y ella me dijo “es chapado a la antigua” y que no le parecía bien que yo “no estuviera casada”. En mis manos no había anillo alguno.

El test dio re positivo, dos rayas nítidas como el odio que me tenía el señor que me vendió el artefacto.

Ahí (con el embarazo) comenzó una historia paralela a todo lo feliz que es buscar y traer un pibe al mundo. Ocurre que cuando sos madre (incluso antes de serlo oficialmente, o sea, apenas te da positivo el test) pasas a ser otra cosa. Olvidate. Ahora sos un ser sensible y puro, lleno de amor y completamente asexuado. Bueno, no. Eso es una falacia. En general, la mujer embarazada, quiere tener relaciones las 27 horas del día. Las hormonas. Y sucede hasta el ultimo día. Además, el orgasmo libera oxitocina (del griego oxys "rápido" y tokos “nacimiento”), sustancia que me aseguré de generar hasta el ultimo día del embarazo. ¿Para qué esperar a que te la inyecten si la fabricamos naturalmente? A menos que tus valores morales te impidan tener sexo durante el embarazo, te tengo una noticia: a la embarazada le encanta coger, y tal vez más que cuando no lo está. Ah, ¿no querías leer esto? Lo siento, pero seguro que a tu vieja también le encantaba. Y tranquilo, al bebé no le pasa nada.

Ahora bien, con la popularización de “50 shades of Grey” escuché a más de uno repetir lo que dijo Stephen King* sobre que la saga de libros eran “porno para madres”. A ver: “porno para madres” significa que lo que se muestra es suave, sutil, algo que sólo puede excitar a una adolescente que recién está indagando sobre cuestiones sexuales. Porque así es la vida sexual de la madre según el imaginario social, si es que acaso se atreve a imaginar la vida sexual de una madre.   

Resulta que con este asunto de la maternidad, la mujer se vuelve objeto de juicios y prejuicios y se nos pone en un lugar de donde muchas estamos queriendo salir sin sentir ni un poco de culpa. Contextualicemos un poco, un poquito nomás: hablar de sexo sigue siendo tabú. Que tu vieja hable de sexo (o lo viva felizmente, de eso estamos hablando) te resulta incomprensible. Además, hay una triste y estrecha relación entre la “vida sexual” y el “respeto”; la mujer que vive el sexo desprejuiciadamente es menos respetable o menos “presentable”.

La mujer madre es “respetable”, porque es madre, claro (ojo, hay distintos niveles de consideración para con la madre: está la casada, la que se no se casó, y está la “madre soltera”, porque si vamos a hacerla, vamos a hacerla bien y, como en un cuento borgeano, ramifiquemos este flagelo). Pero este grotesco equilibrio maternidad-respeto se ve fácilmente alterado si nos salimos de aquel lugar en donde deberíamos habitar. Y no, no me refiero a escribir esto solamente, con que me vean tomando algo en un bar con amigos (o sea, sin mis hijos o mi marido), alcanza para que comiencen los cuestionamientos: “¿Y LOS NENES? ¿Con quién los dejaste?”, preguntan horrorizados hombres y mujeres. Y lo loco de esto es que, si le prestan atención a esas situaciones, a ningún hombre le preguntan con quién dejó a los nenes cuando se va a jugar un fulbito y después se come un asado. Todos asumen que está con quien corresponde: con la madre.

Freno la lectura de Irene y traigo a colación a Simone de Beauvoir y su necesario libro El segundo sexo, en el que nos explica el porqué de nuestra condición de niñeras permanentes: "En los tiempos primitivos, no hay revolución ideológica más importante que la que sustituye la filiación uterina por la agnación; a partir de entonces, la madre es rebajada al rango de nodriza, de sirviente, mientras se exalta la soberanía del padre, que es quien ostenta los derechos y los transmite. En Las Euménides, de Esquilo, Apolo proclama estas nuevas verdades: «No es la madre quien engendra lo que se llama su hijo: ella no es más que la nodriza del germen vertido en su seno; quien engendra es el padre. La mujer recibe el germen como una depositaria extraña y, si place a los dioses, lo conserva.» Es evidente que tales afirmaciones no resultan de un descubrimiento científico: son una profesión de fe... La idea que expresa Aristóteles: la mujer es solamente materia, «el principio del movimiento, que es masculino en todos los seres que nacen, es mejor y más divino», esa idea traduce una voluntad de poder que sobrepasa a todo conocimiento.   Al   atribuirse   exclusivamente   su   posteridad,   el   hombre   se   desprende definitivamente de la influencia de la feminidad y conquista contra la mujer la dominación del mundo. Consagrada a la procreación y a faenas secundarias, despojada de su importancia práctica y de su prestigio místico, la mujer no aparece ya sino como sirviente". 

Listo, continuamos con Irene:

El asunto “lactancia” o “dar teta”, como me gusta llamarlo, merece una mención. Dar la teta está bueno, es cómodo los primeros meses. Es “lindo”, y lo pongo entre comillas porque es lindo para mí, no tiene nada de malo que no te guste o no quieras darle teta a tus hijos. Y ahí está el problema: teta también nos somete, nos esclaviza, y esta es de las cosas que tampoco querías leer de una madre. Si no das teta (o peor: si no das teta y no miras a tu bebé a los ojos mientras lo haces, leí eso en uno de los manuales de la mamá perfecta) no generas un vínculo con tu hijo, sos mala, cruel, egoísta y, por supuesto, anti natural. Dale teta a demanda; es decir, no trabajes, porque si trabajas no le darás teta, y capaz que tu hijo te lo reprocha a los 14. Dale teta cada vez que quiera pero, atenta: escondete, no queremos ver una teta en la mesa del bar, en el asiento del bondi, en la sala de espera, nos impresiona, nos parece muy escandaloso e indiscreto. ¿Tetas en una película porno? ¿Tetas en lo de Tinelli? Si, nos encantan, nos parecen sensuales y “hot”. Pero vos sos madre, no queremos ver tu teta, esa teta no está bien, la teta la muestra una puta.

Es que la madre, luego de que su hijo atraviesa  su canal de parto pasa del ser al deber ser. Y el deber ser de la madre es cruel, injusto, lleno de culpas y responsabilidadesque deberían ser compartidas con el hombre pero que no lo son. No nos olvidemos de que todo esto se sostiene con el cuento del “instinto maternal”, que no solo nos perjudica y nos somete sino que además afecta a aquellas mujeres que no desean tener hijos (y a las que abortan, entregan en adopción o adoptan).

Todos estos lugares comunes de la vivir la maternidad son una forma más de someternos, de tenernos calladas, de hacernos sentir culpables si disfrutamos de los placeres que ellos disfrutan. Creer que somos naturalmente madres, que la posibilidad de tener un hijo es una obligación y que, además de eso, es un don mandatario irremediable, es una forma más de legitimar el machismo. Y así, desde este lugar, rodeadas de misoginia y deber ser: mandamos todo a la mierda.