"Sergio me ve trabajar todos los días. Creo que el trabajo que estoy haciendo este año es mucho. Estoy agradecido y eso obviamente me da muchísima fuerza para seguir", decía Roberto Acuña en abril de este año en una nota con Basquet Plus.

El Sergio al que hace referencia el pibe de 25 años es Hernández, DT de Peñarol, su equipo y de la selección nacional. 

El pivot santafesino venía de convertir 27 puntos ante Gimnasia de Comodoro, por entonces líder de la Liga. Ni imaginaba que dos meses más tarde sería citado como "invitado" a entrenar con la selección nacional que disputaría el Sudamericano, una preselección con varios juveniles. 

Y mucho menos lo que sucedió después. 

"Ya cumplí mi sueño: voy a los Juego Olímpico y con la Generación Dorada. ¿Qué más puede pedir?", admitió Roberto Acuña esta semana en nota con La Nación. 

Pero enseguida aclaró: "Bueno, no, uno es ambicioso; así que quiero ir por más. Espero hacer un buen papel en Río, y en los minutos que me toquen entrar espero poder ayudar al equipo. Y los que no entre voy a alentar a mis compañeros desde el banco".

Ya se contagió de las mentes ganadoras y ambiciosas con las que convive. 

El pasado mejor


El gigante de 2,08 tuve unos últimos dos años meteóricos: ascendió con Ciclista de Junín del ascenso a la Liga Nacional, pasó a Peñarol por pedido de Sergio Hernández, DT de los marplatenses y de la selección nacional. 

Roberto Acuña repartía los pollos del criadero de conejos y pollo que su padre tenía en su Rafaela natal. Lo hacía en en bicicleta, claro, al mismo tiempo que se entrenaba con su equipo y disputaba el torneo federal. "Salía a las 7 de la mañana para ir a la escuela. Después me iba para el campo para darle una mano a mí papá", contó.

"Cuando había que carnear, tenía que salir temprano para el club porque desde el campo había 8 kilómetros. Pero antes, yo tenía que repartir los conejos o los pollos. Si bien llegaba 5 ó 10 minutos tarde, todos sabían qué es lo que hacía antes de ir a la práctica. Tenía que ayudar en mi casa.

Y no solo eso: "Además, mi mamá tenía una despensa y los fines de semana, salía a hacer los mandados, aunque también lo hacía en la semana. No importaba la lluvia ni nada, porque había que trabajar".

Acuña jugó en Atlético Rafaela y San Isidro de San Francisco, Córdoba. Pasó a la Universidad Nacional del Chaco Austral de Saénz Peña (UNCAus), equipo que militaba en el Torneo Federal.

Jugar con la Generación Dorada

"No entraba en mi cabeza esto. Me citaron para el Sudamericano y para la Copa Stankovic, y ya era algo increíble. Creía que terminaba ahí mi proceso con la selección. Lo que pasó después no lo esperaba. No lo creía posible", sostuvo Acuña, uno de los albicelestes que irán en búsqueda de una presea en Río de Janeiro.

"Los miraba y sentía que no era verdad que estaba con ellos. Yo los veía por la TV y no pensaba que era posible compartir equipo con ellos".

"Cuando pasan los días es como que vas cayendo y te das cuenta lo grandes que son como personas".

"Me hicieron sentir muy bien y eso ayuda mucho".

De repartir pollos y atender un almacén al mismo tiempo que jugar en el torneo federal y luego el TN a los Juegos Olímpicos. Del frío de las mañanas del campo y la bicicleta, a la bici fija del predio del Cenard o la villa olímpica de Río de Janeiro. 

Roberto Acuña, 25 años, de raza pivot. Ahora juega en la Selección, junto a Scola, Ginóbili, Nocioni y Delfino. 

Fin del cuento.