Nicolás García Uriburu murió durante los últimos minutos del domingo 19 de junio en la guardia del Hospital Rivadavia.

Según la biografía oficial, "su trabajo es reconocido mediante varios premios. En 1998, obtiene el Gran Premio de Pintura Nacional y, entre los premios internacionales, recibe el Prix Lefranc (París, 1968), el Primer Premio de la Bienal de Tokio (Tokio, 1975), y el Premio a la Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes (Buenos Aires, 2000)".

"Desde 1968 – explica su biografía – cuando realiza la Coloración del Gran Canal de Venecia durante la Bienal, intenta dar, a través de sus intervenciones a gran escala en la naturaleza, una señal de alarma contra la contaminación de ríos y mares". Con aquella intervención, saltó a la fama: "En pleno desorden contestatario, la poesía recuperó todos sus derechos por unas horas: con un líquido biológicamente inofensivo y usado por todas las marinas del mundo para identificar embarcaciones en el agua, Uriburu había coloreado con un verde eléctrico y fluorescente las aguas del Canal Grande", recuerda su sitio web.

Sigo denunciando la contaminación del agua, y la salvaje destrucción que hacemos de las reservas del planeta. Un planeta que en nuestra ciega omnipotencia creemos inagotable e indestructible

Años más tarde, en marzo de 2010, haría lo mismo con el Riachuelo, en Buenos Aires. En el Día Internacional del Agua, el artista plástico y Greenpeace tiñeron de verde el Riachuelo, a la altura del barrio porteño de la Boca, para reclamar definitiva el saneamiento de la cuenca. Ese día, García Uriburu dijo: "La globalización ha ligado salvajemente nuestras economías, creando una cruel dependencia que ha dividido aún más a la población mundial. Los países desarrollados contaminan el agua con fluídos tóxicos, derraman petróleo en nuestros mares y ríos, sin reparar el daño que ocasionan. Hace más de cuarenta años que intento dar una alarma contra la contaminación de ríos y mares, y es a través de mis acciones artísticas en distintos puntos del planeta que he transformado mi obra en una suerte de alerta contestataria globalizadora".

"Hoy y con más motivos que hace cuarenta años, sigo denunciando la contaminación del agua, y la salvaje destrucción que hacemos de las reservas del planeta. Un planeta que en nuestra ciega omnipotencia creemos inagotable e indestructible", aseguró.

Uriburu murió en medio de un conflicto familiar que se trasladó a la escena pública. En mayo de este año, publicó una solicitada en el diario Clarín donde acusó severamente a su hija Azul al asegurar: "Me veo hoy en la triste situación de tener la salida del país restringida por una causa iniciada por mis hermanas a instancia de mi única hija, para determinar mi capacidad. Nunca pensé estar en esta situación pues siempre he sido un padre presente y hasta he compartido hace unos meses un tiempo en su casa sin pensar que esa estadía iba a ser utilizada en mi contra".