El 22 de septiembre de 1866, Bartolomé Mitre, general en jefe de la Triple Alianza, fue el que ordenó, planeó y dirigió el asalto a la fortificación de Curupaytí con 9.000 soldados argentinos, 8.000 brasileños y la cooperación de las fuerzas orientales de Venancio Flores.

Entre los argentinos se hallaban dos soldados que unirían sus destinos hasta llegar al proyecto de la ilustradora María Luque y "La mano del pintor". Uno de los soldados era el pintor Cándido López y el otro Teodosio Luque, tatarabuelo de la dibujante, que aún siendo estudiante de medicina se vio obligado a amputar la mano derecha del artista tras un accidente con una granada. Esa es la historia familiar de los Luque que María retoma para pensar su oficio y atar cabos entre la medicina, un legado de generaciones, un cuadro guardado bajo su cama y la pasión por la ilustración. 

"Tengo ese primer recuerdo de lo que me contaba mi papá de chica, que Teodosio fue el primer médico de la familia, que fue a la guerra cuando todavía era estudiante en una situación rudimentaria, que no había antibióticos. Que pensaban que con sanguineas y cortando venas se arreglaba todo; a mi papá le encanta repetir las historias una y otra vez", relata María Luque sentada en el clásico bar porteño Varela- Varelita que funciona como su atelier personal compartido con ajedrecistas, escritores y habitués. 

Cuando le consulto por el giro de la historia del cuadro de su  tatarabuelo,  María se ríe: "Me preguntan mucho eso. Me causa gracia que me pregunten si tenía el cuadro abajo de la cama. Es verdad. Es muy grande y muy pesado y nadie quería colgarlo; es un solemne retrato del siglo XIX que es un poco tenebroso". Y agrega: "Iba cambiando de cama en cama. Lo tuvo mi hermana, después abajo de un sillón y hasta que lo tuve debajo de mi cama mucho tiempo". 

El cuadro funciona como hilo conector más allá de la relación en el campo de batalla, tiene la firma de Zepol (López al revés) que había iniciado su carrera artística como fotógrafo daguerrotipista lo que le llevó a desarrollar un gran sentido de la observación y en especial de la composición; una habilidad que más tarde fue trasladada a sus bocetos y cuadros que ilustraban batallas y que vendía a los medios de la época como verdaderas fotografías de lo que sucedía en el frente de batalla.  

María retoma ese placer por el detalle y se sube a este proyecto de novela gráfica que juega un poco con la autobiografía al insertarse ella como un personaje y unirse a un Cándido López con ganas de enseñar a dibujar desde otra perspectiva y con otra mano.  

"La novela la terminé hace casi dos años. Yo no sabía que hacer con esta información. Yo dibujo y había hecho historietas o fanzines pero nunca había pensado hacer algo como esto. Me daba miedo. Hace unos años me fui vinculando con distintas personas y vi que estaba la posibilidad de hacer una historieta de otra forma", cuenta la dibujante y destaca: "Primero había pensado hacerlo como una muestra hasta que me di cuenta que la novela gráfica era lo mejor. Así me animé y una vez que lo empecé fue saliendo. Me zambullí por completo mientras sentía que estaba poseída por la necesidad de contar la historia". 

 "La mano del pintor"- un nombre que le da un nuevo significado a la tragedia de López que tuvo que aprender a pintar de nuevo con su otra mano- no busca tener "un mero registro de la guerra y las referencias  de Teodosio y Cándido". Luque destaca: "corría el riesgo de un resultado más acartonado o una novela histórica que no era lo que yo buscaba"; "Si bien yo no soy el personaje principal, aparezco. Es la forma que encontré para ir y venir en el tiempo con Cándido enseñándome a pintar y una forma de evitar el tono solemne".

Pensar el libro llevó su tiempo y no sólo se basó en la historia familiar. María relata: "Primero dediqué varios meses a documentarme, en especial sobre la guerra. Yo no quería entender la guerra desde el siglo XXI sino cómo la habían visto Cándido y Teodosio. Leí muchas cartas de los soldados a sus novias, madres. También hay mucha información de las observaciones de Cándido, sus bocetos. Quería la visión de alguien que había estado en la guerra, tenía bastantes lecturas que me habían llamado la atención de las cartas; por ejemplo cuando cuentan de la tormenta de Santa Rosa en la que se murieron 93 soldados brasileros porque se cayeron árboles, hubo rayos, se inundó todo, las carpas. Leer las cartas de los soldados fue un gran material que consulté en el Museo Histórico de Rosario, en un archivo llamado Diario de la Guerra de Paraguay". 

El libro de 192 páginas y decenas de colores, que busca financiamiento en la plataforma Ideame,  inició su proceso hacia la publicación a partir de las colaboraciones y premios que se ofrecen para los que quieran participar. María eligió contactarse con la editorial Sigilo para el proyecto ya que no sólo se trata de cubrir los costos de publicación. "Sola no me hubiera animado nunca. Si bien el financiamiento lo estamos haciendo de esta manera con el proyecto, trabajar con una editorial me aporta cosas que yo no sabía. Pensar la campaña, definir estrategias", plantea la artista y avisa: "No solo se trata de publicarlo sino es qué hacés con esos libros.  Me parece mejor que haya gente que sabe de eso. Yo quiero seguir dibujando, no me quiero ocupar de la distribución". 

María no oculta su ansiedad por ver la historia transformada en libro e incluso siente que está redimida: "Somos cuatro hermanos pero mi papá nunca nos obligó a seguir con la tradición familiar de muchas generaciones de médicos. Ninguno de mis hermanos sintió el deseo de estudiar medicina pero sentí que contando esta historia estaba acercándome. Yo sé que mi papá está contento". 

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