En otro capítulo de la pulseada política que tiene en vilo a Europa, los países de la eurozona arrinconaron hoy a Grecia con una contrapropuesta que propone dos escenarios: convertir en ley un ajuste masivo y una entrega inédita de soberanía en tres días o abandonar el euro temporalmente y reestructurar su deuda.


Después de dos días de negociaciones, los ministros de Finanzas de la zona euro, conocidos como el Eurogrupo, entregaron hoy en Bruselas un borrador a los jefes de Estado y de gobierno de sus países, que se encuentran reunidos en la misma capital belga para tomar una decisión final sobre el futuro de Grecia.


El borrador es la respuesta de los ministros de la unión monetaria a la propuesta presentada esta semana por el gobierno griego de Alexis Tsipras, que incluyó muchos de los reclamos de las instituciones acreedoras de Atenas, por ejemplo una reducción del sistema jubilatorio y un significativo aumento del IVA.


El ministro de Finanzas de Finlandia, Alexander Stubb, explicó a la prensa la contrapropuesta que acordaron sus pares de la zona euro para llegar a un acuerdo hoy, según el plazo último establecido por la cúpula de la Unión Europea (UE).


"Número uno, (Grecia) tiene que aplicar leyes de aquí al 15 de julio. Número dos, duras condiciones por ejemplo en reformas laborales y pensiones e IVA e impuestos. Y número tres, medidas bastante duras también por ejemplo en privatizaciones y fondos de privatización", enumeró Stubb.


Entre las medidas reclamadas por la zona euro, se destacan una privatización de todo el sistema eléctrico del país, la "despolitización" del Estado griego, la implementación de "recortes automáticos al presupuesto" y una reforma del Código Civil.

Además, el Eurogrupo demanda que Grecia privatice bienes por un valor de 50.000 millones de euros, que quedarán en manos de un "fondo independiente", manejado conjuntamente por Atenas y la UE.


Esta cifra es masiva. Las privatizaciones que aprobaron los gobiernos griegos en los últimos cuatro años sumaron 5.400 millones de euros.

"Y para nosotros lo más importante es que (...) todo este paquete tiene que ser aprobado tanto por el gobierno griego como por el Parlamento griego y luego lo veremos", remató el ministro finlandés.


El texto no sólo impone un plazo de tiempo irrisorio para tamañas medidas, sino que choca con muchos de los límites establecidos por el gobierno griego de Alexis Tsipras y, especialmente, su coalición de izquierda, Syriza.


Tsipras ya sufrió un quiebre menor de su bancada en el Parlamento cuando hizo aprobar su última propuesta hace sólo unos días.


Pero la verdadera dureza de la contrapropuesta del Eurogrupo radica en que por primera vez pone en negro sobre blanco la posibilidad de la salida de Grecia de la zona euro.


El borrador reconoce que "hay una preocupación seria por la sostenibilidad de la deuda griega", que después de seis años de austeridad impulsada por la Unión Europea (UE) ya supera el 180% del PBI heleno, y sostiene que "el Eurogrupo está dispuesto a analizar posibles medidas adicionales para aliviar el proceso de pago".


El texto sólo propone una reestructuración de la deuda griega -un reclamo en el que coinciden Atenas, Estados Unidos y el FMI- en el caso de que no se llegue a un acuerdo sobre un tercer programa de ayuda financiera y Grecia abandone la moneda única, el euro.


"En el caso de que no se llegue a un acuerdo, se le ofrecerán a Grecia negociaciones rápidas para una salida de la zona del euro, con una posible reestructuración de la deuda", sostiene el borrador en una de las frases escrita entre corchetes y, por lo tanto, abierta a la discusión en la cumbre de líderes de los países de la eurozona en Bruselas.

El presidente de la UE, Donald Tusk, canceló la cumbre del bloque que debía poner punto final a la crisis con Grecia y pidió concentrarse en las negociaciones entre los 19 países de la eurozona.


Pronto algunos de los principales actores europeos confirmaron los temores de Tusk, al ratificar su posición intransigente.


"La divisa más importante desapareció. Y eso es la confianza. No habrá un acuerdo a cualquier precio", sentenció la canciller alemana, Angela Merkel, al llegar a Bruselas para la cumbre extraordinaria de líderes de los países miembros de la zona euro, que comenzó luego que terminara la reunión de ministros de Finanzas.


Al igual que Merkel, el titular de Finanzas austríaco, Hans-Jörg Schelling, también se mostró cauteloso sobre un posible acuerdo con Grecia y destacó que las negociaciones están siendo "muy difíciles" porque todavía hay muchos desacuerdos.
Sin embargo, el primer ministro griego llegó a Bruselas con esperanzas de alcanzar un acuerdo.


"Se lo debemos a los pueblos de Europa, que quieren una Europa unida y no dividida. Podemos lograr un acuerdo esta noche si todas las partes lo quieren", subrayó Tsipras al entrar al encuentro con el resto de los líderes de los países de la zona euro.

Una vez más, el premier griego destacó que se necesita "encontrar un compromiso mutuo" para alcanzar un acuerdo.


Como demostró el tenso debate del viernes en el Parlamento griego, Tsipras ya hizo un visible compromiso al proponer una serie de ajustes sobre el sistema jubilatorio y reformas impositivas regresivas que están muy lejos del programa político de Syriza, la coalición izquierdista gobernante.


La propuesta que presentó esta semana Tsipras se parece mucho al último plan de las tres instituciones acreedoras de Atenas -la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI-, que fue rechazado de manera rotunda por más del 61% de los griegos en el referéndum del domingo pasado.


Este giro político de Tsipras y la continuidad de las restricciones financieras, principalmente el corralito bancario y el cierre de los bancos, están generando una situación cada vez más tensa dentro de la coalición de gobierno en Atenas y en las calles del país heleno.


El ministro de Economía griego, Giorgos Stathakis, anunció hoy que el corralito, que sólo permite retirar 60 euros por día, y el cierre de los bancos se mantendrán hasta que el gobierno consiga firmar un plan de ayuda económica con los países de la zona euro, que permita inyectar dinero al sistema bancario y al propio Estado heleno.