Si sos usuario del subte porteño es inevitable que ya te estés preguntando sobre aquel día que aceptaste las condiciones de uso de la red gratuita de internet que ofrece el Gobierno bajo tierra. Seguramente lo hiciste sin leer los términos y condiciones: es probable que ahora te lleves una sorpresa.

De movida, con tu aceptación le entregas a la administración pública datos personales como modelo de equipo, dirección IP, datos sobre su ubicación física geolocalizada y, si te registraste, también nombre, apellido, tipo y número de documento y/o CUIT y/o CUIL, género, dirección de mail, nacionalidad, contraseña, confirmación de contraseña, preguntas secretas, teléfonos, dirección y código postal.

Según las bases del sistema de internet gratuito, el usuario presta “su expresa conformidad para la utilización y difusión de sus datos e imágenes (foto y voz) por los medios publicitarios y de comunicación” que la empresa “SBASE y/o el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires disponga”.

Peor aún, para utilizar el acceso a la web por unos minutos también accediste a ceder tu voz y fotos personales para publicidades del subte o del Gobierno de la Ciudad en la vía pública, por ejemplo con una gigantografía rezando: “De lunes a viernes bien temprano, (su nombre y apellido) disfruta de nuestro servicio”.

Además, las bases de este contrato establecen que el sistema puede ser modificado de un momento a otro, sin la obligación de avisarte: “SBASE podrá establecer nuevas condiciones y/o modificaciones a cualquiera de las cláusulas contenidas en los presentes términos y condiciones y las políticas de privacidad sin necesidad de contar con la autorización del USUARIO”.

El especialista en derecho en internet Javier Pallero, hay una falta de conciencia absoluta de los usuarios respecto de este tipo de cesiones. “Creo que, en parte, se debe al relativo valor de la privacidad. Somos narcisistas, nos gusta exponernos, ser observados y reconocidos. Publicamos lo que estamos haciendo, lo que comemos, dónde vamos y nadie piensa demasiado en si alguien hará algo con todos esos datos”, reflexionó en una nota con vice.com.

El único momento donde puedes consultar los alcances del contrato que firmas por el uso de la red es bajo tierra, ya que el texto que debiera estar en el sitio oficial de la Ciudad, no está disponible on line. La directora de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC) Digital, Valeria Milanés, también le dijo a vice.com que las definiciones escenciales del sistema debería explicar en "mensajes con ideas muy claras sobre para qué se van a usar los datos, durante cuánto tiempo, en el lenguaje más sencillo posible”.

Según Pallero, la peligrosidad de dejar este tipo de datos reside en que el Estado, por el momento, “es el único que todavía tiene la capacidad de quitarte los bienes, privarte de la libertad o, bajo ciertas circunstancias, pegarte un tiro legalmente”. En relación a este abuso, Pallero cuestiona fuertemente si “¿es realmente necesario saber el CUIT de una persona, el lugar en el que está de pie, para proveerle conexión a internet?”.

El usuario le cede toda su información personal a las oficinas del Gobierno porteño, las de marketing, las de impuestos, las de publicidad, que obviamente tienen la posibilidad de entrecruzarla con otros datos para por ejemplo, “verificar cuentas y actividades”. Una verdadera capacidad de espionaje para conseguir información de gran valor comercial.