"Cuando hace algunos días se conoció la noticia de la detención de Alejandro "El Pitu" Salvatierra por tenencia de drogas me preocupé: qué cagada, volvió a caer en las drogas y volvió a la cárcel, todo muy noventas, muy circular. 


La detención del Pitu es por demás arbitraria y persecutoria. De haber sido alguien distinto (y no un militante kirchnerista morocho) ya hubieran calificado la conducta como consumo personal o, en el peor de los casos, calificándola como tenencia simple, se hubiera hecho lugar a la eximición de prisión. Semejante arbitrariedad no me extraña por parte de Bonadío ni del fiscal Rívolo. Lo que me enfurece es el festín que se dan los piolas de las redes sociales que se mofan de una situación que debería preocuparnos a todos. Hoy te reís del negro kirchnerista que quedó en cana, pero mañana te puede tocar a vos porque ya no hay garantías constitucionales. Cuando no hay reglas claras todos somos vulnerables a los caprichos de jueces como Bonadío o de un cana aburrido y con ganas de joder. 

La detención del Pitu es por demás arbitraria y persecutoria.

Pero además, quiero rescatar la historia del Pitu, una historia de miseria, lucha y redención. Es la historia de un pibe que había nacido para robar que terminó siendo un militante político de una calidad y compromiso con el otro que muchos añoramos tener.

Que El Pitu haya vuelto a las adicciones, que la actitud persecutoria de la actual administración justo justo lo haya encontrado y que Bonadío lo mantenga adentro sólo por tenencia es un panorama que pinta todo un clima de época.

El Pitu desafió al poder y al destino y ese es un ejemplo de dignidad y revolución que es preciso demoler. Para que se contagien un poco de su voluntad, les dejo esta nota que le hice en agosto del 2011."