Parece un diálogo de sordos, donde cada uno habla por su lado y nadie puede escucharse. Así son todas las entrevistas de Eduardo Feinmann con alumnos, profesores y padres que participan en la toma de los colegios.

Allí no importa conocer el argumento del otro o las razones que llevaron a una medida, lo que quiere Feinmann es generar el escándalo y dejar en claro su posición, de ser posible, con la mayor agresividad que consiga.

Pero Daniel, el padre de una alumna de un colegio tomado, sin perder la calma, le refutó todos los argumentos y lo dejó hablando solo, lo que llevó a Feinmann a ir más allá y acusarlo de ser un mal padre que daña a su propia hija.