Evidentemente alguien debe haber convencido a Jorge Lanata y Eduardo Feinmann de que son graciosos y el papel que hacen en los pases diarios es realmente patético.

En esta ocasión jugaron una especia de pieza de comedia en la que uno invitaba al otro a comer una pizza en lo que podía ser considerado una cita, el otro invitó al primero a montar a caballo en fin un largo pase sin gracia, sin información, sin nada.

Pero para colmo se dieron el espacio para chicanear a su colega Marcelo Longobardi quien tuvo problemas con Lanata por entregar tarde y cuando Feinmann le hizo notar que ya se había pasado dos minutos, su nuevo amigo Lanata le aclaró que esta vez era con consentimiento.