De a poco, como resbalando, el gobierno porteño va desembocando, y de la peor manera, en el terreno que más abomina: la gestión. Ya anoche, cuando luego de anunciarse la prolongación del paro, Mauricio Macri hizo una típica conferencia de prensa para pescar en la pecera, tratando de llevar la discusión a un terreno de debate político que de momento no está entre las preocupaciones de los "vecinos", empezó a evidenciarse su encerrona. La multa que su gobierno acaba de imponer hoy a los metrodelegados es la ratifcación definitiva de que es la realidad la que lo está empujando a asumir de una buena vez como gobernante de la ciudad y dejar de ser un mero comentarista.

A medida que se profundiza la huelga y se vislumbra otra semana atroz sin subterráneos, Mauricio Macri comprueba que sin hacerse cargo de las cosas no tiene futuro, que no hay 2015 sin 2012. Se hizo el cocorito con las empresas de Energía eléctrica hasta que el obelisco quedó a oscuras y en medio del oprobio tuvo que ir a pedirles un plan de pago. Ahora, con su imagen esmerilándose de manera preocupante y tal como esos perros que ladran fiero pero al mismo tiempo reculan, está haciéndose cargo del subte de hecho y en medio de una relación absolutamente rota con los trabajadores, algo que sólo le preanuncia tener cada vez más problemas.

Sigue diciendo que no tiene nada que ver pero multa a los metrodelegados por no acatar la conciliación obligatoria que su mismísimo gobierno decretó hace 48 horas...

Todo indica que está buscando la coartada para hacerse cargo de los subtes pero sin que se instale la noción de que terminó cediendo ante la presidenta. En realidad, su problema no es con Cristina sino con sus vecinos, a quienes está privando de tener un gobernante que le solucione sus problemas concretos. Al parecer, a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires antes que el chavismo les preocupan mucho más algunas pequeñas cosas, como viajar en paz y llegar a tiempo al trabajo.

No es de extrañar que termine haciéndose cargo de los subtes y que intente llevar el precio del viaje a $ 5,50 con los conflictos que ello le acarreará. Es que en su modo de razonar, aumentar un 50 % el boleto para que la empresa sea viable es algo lógico mientras que no lo será dar un aumento a los trabajadores que compense tamaño tarifazo.

Tomó los subtes a comienzos de año y tuvo en sus manos la posibilidad de mostrarse como un buen gestionador en un área donde la performance del gobierno nacional no ha sido precisamente brillante, pero los reflejos de un oportunismo de la peor calidad lo llevaron a sacárselos de encima en febrero cuando murieron 51 personas en Once. Ahí, exactamente ahí cometió un error grosero, por el que ahora está pagando un costo excesivamente alto.

Haber definido que su perfil lo edificaría en base a oponerse a todo lo que haga Cristina lo llevó a mezclar los tantos como un aprendiz y terminó condicionando su acumulación y proyección política en torno a la negativa de hacerse cargo de los subtes. No entendió que eran esferas distintas y que en la historia no hay casos de gobernantes que hayan sido elegidos precisamente por negarse a gobernar.