Tehuel necesitaba trabajar y no hay mucho trabajo, menos para un chico trans. Pero le llegó una oferta laboral. Entonces Tehuel salió de su casa con la ilusión de conseguir el trabajo y ya nadie supo nada más de él. Hay detenidos, ambos con causas penales. Hay silencio. No sabemos dónde está. Ninguno se quiebra. Pero lo que sí está quebrándose es la ilusión de que aparezca vivo. Hasta la fecha es un nuevo desaparecido que pasa a engrosar esa larga lista que no deja de crecer, como un tumor maligno. No hay vida ni tampoco hay cuerpo muerto, restos, hay desesperación, incertidumbre, mil hipótesis. La sociedad, pero por sobre todo su familia y la Comunidad LGBTIQ, se ven conmovidas, es otro golpe tremendo en las entrañas de un mundo que sigue siendo sembrado con sangre y violencia.

   La vulnerabilidad humana es un hecho, nacemos indefensos pero con el paso de los años seguimos siendo frágiles ante ciertos golpes que va dando la vida. Pero hay seres que están más expuestos a la violencia, a la discriminación, a las injusticias sociales, a perder la vida por la intolerancia y el odio de hombres que son los peores representantes de nuestra humanidad. En lo que va del 2021, apenas tres meses, hay un femicidio cada 29 hs, pero también tuvimos el caso M, la niña secuestrada por el cartonero e inhallable durante tres días; el asesinato de María Rosa Daglio, la psicóloga social asaltada y arrastrada por el motochorro; y ahora la desaparición de Tehuel. Vidas, muertes y violencias visibles, mediáticas, espejos de otras, invisibles, que sufren en el silencio del anonimato hasta que son noticias por efecto del horror. Claros ejemplos de cómo va la cosa, de quiénes son las principales víctimas, pero también de quiénes son los violentos: hombres, seguramente criados en el laboratorio del patriarcado, que van destrozando vidas por un mundo que está tan pandémico como perverso.

   Tehuel me remite a Tehuelche, a nuestros ancestros, a pueblos originarios, también arrasados por la barbarie. ¿Quién nos cuida? ¿Quién podrá detener de una vez por todas estas violencias en escalada? ¿Por qué tantos odios? ¿Es una utopía pensar una sociedad en la que se pueda vivir en paz? Tal vez, pero ya sabemos que para alcanzar lo que parece imposible hay que empezar por lo posible. Y es posible la lucha y el reclamo que genere conciencia. Necesitamos de un Estado presente, que proteja a las poblaciones más vulnerables, y de una Justicia que no sea tolerante con los violentos.