El país está sumido en una crisis superior a la del 2001. Los números macroeconómicos son inferiores a aquel año traumáticamente inolvidable, pero el endeudamiento formidable con el FMI, la destrucción del aparato productivo, el cierre de miles de empresas, la profundidad de la pobreza e indigencia, (más de cinco millones de pobres nuevos) el incremento significativo de la desigualdad,  la subordinación a los poderes económicos nacionales e internacionales, puede sintetizarse irónicamente en el slogan oficial del “Sí, se puede”.

Sí, se ha podido conseguir que todos los índices que debían subir, bajaran; y que todos los que tenían que bajar, subieran. Todas las mentiras para llegar continuaron en el ejercicio de gobierno y ahora se vuelven a plantear otras nuevas, como si todo lo anterior nunca hubiera existido. Un gobierno neoliberal tiene que mentir alevosamente para llegar, porque diciendo la verdad jamás triunfaría: ese es el signo distintivo de su accionar.

Si antes de las PASO la promesa era seguir por el mismo camino pero más rápido, a pesar de los resultados catastróficos, ahora se promete apoyar a las PYMES, disminuir los aportes patronales, llevar la licencia por paternidad de dos a veinte días y en caso de adopción para ambos integrantes de la pareja a 75 días. La gobernadora de la Provincia de Buenos Aires promete reducir ingresos brutos al agro, la industria y la construcción. Ahora Macri sostiene que “ahora se viene el crecimiento” (a pesar de que en tres de los cuatro años de su gobierno hubo caída); “se viene el trabajo” (cuando duplicó la desocupación); “se viene la mejora del salario” (mientras en su período de gobierno los trabajadores perdieron un cuarto de su poder adquisitivo); “se viene el alivio a fin de mes”: No es un gobierno que proponga el mejoramiento de la participación de los trabajadores en el ingreso nacional, sino un “alivio” que parece un concepto tomado de las damas de beneficencia.

Su bandera de la unión de los argentinos se trastrocó en una polarización superlativa con descalificaciones desvergonzadas y la mayoría de las veces falsas; y la lucha contra el narcotráfico, de difícil mensura, todo indica que es otro mero impacto publicitario. El republicanismo de cartón que se enarbola tiene una transparencia oscurecida, un poder judicial hasta las PASO semi amordazado, mientras a la corrupción mayorista se la enmascara entre otras formas como “conflictos de intereses”. Se usa en forma abusiva la detención preventiva, sobre todo para los opositores y por eso hay presos políticos; el presidente sólo da reportajes a los medios cómplices; se cerraron centenares de medios y la desocupación en los medios de comunicación bate récords.

El cinismo ha llegado a límites insuperables donde el presidente repite en discursos calcados que “Es inaceptable que los que destruyeron a la Argentina, ahora con el dedito levantado, nos digan que son ellos los que saben…..no nos vamos a quedar callados mirando como nos roban el futuro ”  

Sin embargo, un jefe político de la precariedad conceptual y expositiva de Mauricio Macri, cuyo título de ingeniero resulta difícil de asimilar (aunque el sesgado viudo de la Constitución Daniel Sabsay esté muy lejos de pedirle que lo exhiba), reunió una multitud en la 9 de julio. Las encuestas, con la prevención que produce su insolvencia reciente, revelan que su derrota el 27 de octubre será más amplia que en las PASO. Ese acto en la avenida del obelisco parece más una despedida que una batalla por el triunfo electoral. Su campaña está orientada a consolidar y ampliar en un par de puntos su núcleo duro; y tal vez, si sigue en política, ser el jefe de oposición futura, posicionándose a partir de este apoyo multitudinario, más fortalecido para enfrentar los cuestionamientos y pase de facturas que sobrevendrán a una derrota de amplitud significativa.  Es también una demostración que más allá de las redes, los focus group, los timbreos digitados, los perros Balcarce o Dylan, la política necesita del contacto cara a cara, de las concentraciones y de los discursos.

Muchos de los concurrentes que no han frecuentado a este tipo de manifestaciones, podrían llegar a decir como Borges en agosto de 1944, cuando sectores de clase media salieron a manifestar su alegría por la liberación de París de la ocupación nazi: “Pude comprobar que una manifestación colectiva , puede llegar a no ser innoble” 

PERONISMO Y ANTIPERONISMO -  KIRCHNERISMO Y MACRISMO 

El antropólogo Alejandro Grimson afirma correctamente que el peronismo y el antiperonismo nacieron simultáneamente.  La irrupción de los trabajadores cambió la historia y entonces el poder económico y las clases medias, con sus expresiones políticas, Partido Conservador, Partido Radical, Partido Socialista, Partido Comunista con más La Embajada y el embajador norteamericano, se alinearon contra el peronismo naciente.

Ese conglomerado sería la base social de la marcha de la Constitución y la Libertad, que reunió más de 200.000 personas en la Avenida Callao el 19 de septiembre de 1945 y precipitó el desplazamiento de Perón que la manifestación del 17 de octubre restableció en sus cargos. Fue luego el apoyo civil a los bombardeos de Plaza de Mayo, la Revolución Fusiladora y cómplices de la proscripción del peronismo y de su líder Juan Domingo Perón.

El golpe del 66 se hizo para impedir el triunfo electoral del peronismo y el del 76, como los anteriores, para desindustrializar el país, adelgazar el peso de los trabajadores y terminar con el modelo de sustitución de importaciones.

En democracia, el peronismo perdió dos veces: la primera confrontando con Alfonsín, que emergió inteligentemente como su contracara ante el penoso final del gobierno de Isabel Martínez, que había dejado en la memoria colectiva la violencia desatada como puerta de entrada de la más feroz dictadura que llevó el terrorismo de estado a su etapa mayorista.

El peronismo volvió en su etapa menemista, que es el peronismo que el poder caracteriza como racional, es decir descafeinado y vegetariano. Un peronismo que enamoró a los sectores antiperonistas y sedujo a sus bases populares después de la enorme herida que en la memoria colectiva produjo la hiperinflación.

Después de la renuncia anticipada de Alfonsín y con un Menem que parecía la encarnación del peronismo histórico, la base antiperonista que apoyó a Angeloz, sacó el 38%    

Luego la Alianza derrotó a un menemismo que en su fracaso final abrió el camino a un gobierno al que le estalló la convertibilidad. Era un frente englobado bajo el rótulo progresista por el FREPASO y que llevaba como presidente a un radical conservador con un alto grado de ineptitud.

Cuando aparece el kirchnerismo, al poco tiempo se reagrupó el antiperonismo encarnado por el macrismo. En realidad el kirchnerismo y macrismo son emergentes de la crisis del 2001. Son dos alas surgidas del “que se vayan todos”. En el 41% que obtuvieron sumados Menen y Lopez Murphy, en las elecciones del 2003, está el huevo del que emergerá el macrismo.

El kirchnerismo interpretó a franjas importantes del país que querían que la política volviera a ser el instrumento indispensable en la contienda por el sentido de una sociedad. El macrismo interpretará a los que aborrecían la política y consideran que la solución debe provenir de aquellos que vinieran de afuera de la política.

Son exteriorizaciones contemporáneas, cuyas diferencias vienen del fondo de la historia y que mantienen un equilibrio inestable ante la imposibilidad de un triunfo definitivo. Los dos sectores enfrentados en mayo de 1810, las guerras civiles entre federales y unitarios, el Yrigoyenismo y “el régimen”, los peronistas y antiperonistas, hoy se prolongan entre el kirchnerismo (como el núcleo convocante del peronismo actual) y CAMBIEMOS.

Por eso no debe resultar sorprendente que a Juntos por el Cambio, a pesar de que posiblemente quedará por lo menos a 15 puntos del Frente con Todos que triunfará superando el 50%, pueda hacer una convocatoria multitudinaria en la 9 de julio.  Son millones que encuentran en Macri, no un líder carismático sino el instrumento de oponerse a lo que detestan. 

Por esas paradojas notables de la historia, Cristina Fernández es la responsable y coagulante de ambos frentes. Su pase a la vicepresidencia y la postulación de Alberto Fernández es lo que permitió la unidad del peronismo. A su vez su presencia como vicepresidente lleva a mantener unida a una buena parte del universo antiperonista, que en estos 4 años encontró en Macri el precario referente de la unificación.

DOS DESPEDIDAS PARECIDAS PERO DIFERENTES

Cristina Fernández se despidió el 9 de diciembre del 2015. Llenó la Plaza de Mayo y calles adyacentes. Posiblemente haya habido menos gente que este sábado en el acto de Juntos por el Cambio. Sin embargo hay diferencias notables. El apoyo a Cristina Fernández fue por lo que sus seguidores consideran sus méritos. Es para ellos la encarnación actual del cariño inmodificable que despertaban Perón y Evita. Los seguidores de Macri, más que por sus virtudes, lo apoyan porque lo consideran el instrumento para evitar el regreso de alguien que temen y odian.

LOS DEBATES

Planteados como monólogos, planificados desde la televisión y no desde la política, con limitaciones absurdas, los debates pueden ser denominados así desde una flexibilización grande del término.

Amplio triunfo de Alberto Fernández en el primer encuentro, con un Mauricio Macri desconcertado y cacheteado. En el segundo, Macri actuó tomando el centro del ring y desplegó su agresividad. Eso le permitió ganar en las tarjetas por escasos puntos o por lo menos un empate. Para alguien que viene corriendo de atrás lo conseguido no cambia el panorama. En el primer encuentro en Santa Fe, se pudo observar cierto flirteo entre Fernández y Lavagna que no se repitió en la Facultad de Derecho. En este segundo encuentro hubo cierta cercanía entre Espert y Macri. El economista es exponente de un liberalismo brutal con amenazas, más bien “prepoteadas” increíbles con nombres y apellidos. Gomez Centurión, con su negación del terrorismo de estado, nos remonta a situaciones ya saldadas. La suma de Macri, Espert y Gomez Centurión, tres caras de un modelo al que sólo los separa que uno ejerce el gobierno y los otros dos no superan un piso insignificante, son demostraciones de lo que es la derecha y el poder económico. Lavagna demostró que puede ser un buen ministro pero la presidencia le queda grande. Del Caño tuvo un comportamiento interesante con algunas intervenciones muy precisas, aunque como es tradicional no establecen diferencias importantes entre el macrismo y el peronismo

INTENTOS DE EXPLICACIÓN

Sintetizando: Cristina Fernández, gestora de la unidad del peronismo, partiendo de que es poseedora del mayor caudal electoral y por haber cedido el primer lugar de la fórmula, es al mismo tiempo la causa fundamental de la enorme convocatoria de Macri en la 9 de Julio: por la mezcla de miedo y odio que concentra en alrededor de un tercio del electorado. Alberto Fernández se ha movido muy bien en un campo minado. La amplitud de sectores, intereses y referentes que conforman el Frente con Todos, junto a una situación económica que se agrava día a día, permite sostener que sus votantes tendrán que acostumbrarse a una ingesta frecuente de batracios, por la mezcla de medidas ortodoxas y heterodoxas que caracterizarán a su gobierno.  Mauricio Macri, cuyo gobierno es el peor de los elegidos en democracia, ha logrado confirmarse como el máximo referente de ese espacio, después del resultado catastrófico de las PASO y de quedar un par de semanas absolutamente desconcertado. Lo logró ingresando a la práctica del contacto personal con sus seguidores, con encuentros en 30 ciudades y la multitud en el obelisco, ello después de que se haya barajado hace unos meses la alternativa “Vidal a la presidencia” (el denominado “Plan V”) y que gobernadores e intendentes de su espacio propongan el corte de boletas a la presidencia por el peso muerto que representa. Su fortalecimiento adelanta que el gobierno de Alberto Fernández, aparte de todas las dificultades que deberá afrontar, tendrá una oposición dura. La animadversión recíproca alienta ese pronóstico. Las movilizaciones en su apoyo es altamente probable que no modifiquen significativamente su caudal electoral, pero ha sido una excelente táctica para fortalecerlo políticamente, en el presente y de cara al futuro 

Amanece que no es poco. Empieza el 28 de octubre una nueva etapa, poblada de inconvenientes. No se deja atrás una pesadilla sin pagar sus enormes costos. El 27 de octubre las urnas hablarán. Un día muy especial para el kirchnerismo, cuando se cumplan 9 años de la muerte de Néstor Kirchner. El mismo que al asumir  hiciera saber al pueblo que venía a proponerle un sueño. Alberto Fernández debe proponer otro que incluya a un 75% de la población. De su convocatoria y cumplimiento depende hacerle un puente hacia un  futuro que Macri deja absolutamente cerrado e hipotecado. 

+Publicado en La Tecla Ñ