Será posible que la muerte obre así, que se lleve a un tipo tan creativo, tan joven, con tanta vida,  canciones y poesías por delante. La muerte se apuró, cometió un lapsus, se equivocó una vez más y se llevó a quien no tenía que llevarse, se llevó a Gabo Ferro. Es verdad, la vida no sobra. Me quedo con su inmensa generosidad cuando le propuse hacer el cierre musical para la presentación de mi libro El lado Norita de la vida. En junio del año pasado nos juntamos en el bar Celta, filosofamos durante varias horas, intercambiamos libros y discos, hablamos de arte y vida, o del arte que trata de zurcir los agujeros de la vida. Un café y otro más. Hablamos de cantar y de escribir para gambetearle a la muerte, pero esta vez Gabo no pudo y fue la muerte la que hizo su obra, su gambeta  final.

 

   Y llegó el soñado día de la presentación del libro en el Centro Cultural de la Cooperación. Pero Gabo estaba resfriado, no se sentía muy bien. Estuvo a punto de no presentarse. Pero vino igual y antes de su sentida interpretación le contó al público que si esas mujeres, Las Madres de Plaza de Mayo, habían salido a luchar y seguían luchando por recuperar a sus hijos e hijas y la verdad de lo sucedido, cómo él no iba a estar allí, cantando por ellas, con moco y todo. Y cantó a capela 'La silla de pensar'. Y la rompió. Y se abrazó a Norita Cortiñas, y lloró, y lloramos. Durante este año intercambiamos algunos mensajes por celular y un proyecto que se fue con él. Cuando me enteré de su muerte busqué su disco, sus huellas, la memoria que permanece en las cosas, su dedicación: Para Pablo, celebrando EN(h)ORA buena! Gracias. Gabo. 08-06-19

   Gracias a vos, Gabo. Celebro tu arte. Pero me quedo paralizado, en este lado de la vida, sentado en la silla de pensar y de sufrir.