En mayor o menor medida las empresas están retomando en forma parcial el trabajo presencial, lo cual ya está empezando a mostrar resistencias de parte de los trabajadores. Tal es así que según un informe de EADA Business School de España, el 80% de los trabajadores no quiere volver igual a la oficina.

La problemática se llama “Ergofobia” y no es nueva: las áreas de salud saben de esto. Se trata de una variante de otras fobias como la que de volar, al encierro, a determinados insectos, a las inyecciones y otras que tienen origen en cuestiones culturales, genéticas, acontecimientos traumáticos vividos, entre otros. En el caso que nos ocupa el temor al contagio y sus consecuencias resultan la “base” del por qué, aunque quizás no sea a única causa.

Fuimos y somos aún bombardeados por los medios de comunicación y esta es la consecuencia. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha utilizado el término infodemia para referirse a la práctica de difundir noticias falsas o información incorrecta relacionada con el fenómeno del Covid 19.

Luego de días de encierro donde invariablemente los niveles de ansiedad y stress propio y de su entorno cercano aumentaron, los empleados regresan a sus trabajos con sensación de inseguridad y miedo a infectarse.

Veamos entonces brevemente que es la Ergofobia. En su acepción más pura se define como un miedo anormal y persistente al trabajo. Las personas que padecen ergofobia experimentan una ansiedad indebida sobre el entorno laboral a pesar de que se dan cuenta que frecuentemente su miedo es irracional. Pero lo experimentan como un miedo real persistente e irrefrenable de acudir al trabajo.

El confinamiento obligó a las personas a teletrabajar refugiados en un ambiente de certidumbre como suele ser nuestra vivienda y, dado que continúan vigentes las causas del confinamiento, se produce en algunas personas la reacción a no abandonar esa seguridad, que en muchos casos dista de ser de confort. Habitar áreas externas exponiéndose más (en teoría) a una enfermedad aún hoy parcialmente conocida genera incertidumbre y miedo.

Dicho esto, la clave para vencer las resistencias propias empieza por consultar a profesionales de la salud
que puedan evaluar los síntomas físicos y/o psicológicos de los colaboradores.

Del lado de las empresas, ¿Qué pueden hacer para evitar que en sus empleados se profundice este temor mostrando que nada malo pasará mas allá de lo que le podria pasara en cualquier otro ámbito de la vida?:;

Realizar una encuesta previa para detectar cuales son las medidas preventivas y de cuidado que a su personal le darían tranquilidad.

Comunicar anticipadamente con detalle todas las medidas de precaución adoptadas en sus instalaciones en general y su puesto de trabajo en particular, proteccion, distanciamiento e higiene, etc.  adoptadas.

Hacer recomendaciones permanentemente y, en la medida de lo posible, contribuir con el transporte de ida y regreso al trabajo.

Implementar el trabajo presencial en forma paulatina: 2 veces por semana durante un mes, luego 3 veces por semana en otro mes y así sucesivamente para llegar al nivel deseado.

Pero con solo ello no alcanza. En un contexto como el actual, el rol de Recursos Humanos toma un matiz especial: es clave que desde RH se impulse un clima de calma y contención. Nunca una respuesta desesperada llevó a una acción correcta en medio de una crisis. Por supuesto, esto no implica minimizar el problema - que de hecho es grave - del COVID19, pero sí implica claridad, asertividad y diseñar, mensajes consistentes desde todos los estamentos de la empresa que otorguen mayores niveles de previsibilidad. Implementando a cabo una correcta política de comunicación interna, el mejor indicador de éxito será un cambio mínimo en el clima de trabajo cotidiano y menos resistencias para la vuelta.