Como respuesta al proyecto de crear un impuesto a la riqueza que alcanzaría a los más ricos se planteó en los medios una idea de antigua data y bastante difundida en parte de la población: que el costo de la política constituye un problema central de la economía del país.

Por supuesto que hay casos de políticos que tienen privilegios que no corresponden, que no trabajan o lo hacen mínimamente (basta ver la lista de legisladores que no concurren a la mayoría de las sesiones), o que están implicados en actos de corrupción. Todo eso debe ser investigado, sancionado y corregido, pero dada la campaña mediática y difundida a través de las redes sociales la pregunta es si una disminución de las retribuciones de los legisladores nacionales y del presidente y sus ministros tendría real importancia desde el punto de vista macroeconómico.

Se reclama que se bajen los sueldos de los diputados, senadores y los miembros del poder ejecutivo. Extrañamente no se incluye al poder judicial que en su cúpula tiene miembros cuyos sueldos superan muy holgadamente a los de los otros poderes, con el desvergonzado privilegio de no tributar el impuesto a las ganancias. Se supone que los gastos de los políticos tienen tal magnitud que constituyen uno de los factores que originan los problemas económicos del país.

Veamos entonces con datos, no con aseveraciones no fundamentadas, cual es la incidencia real del tema.

Un miembro de la Cámara de diputados percibe un sueldo de $ 218.829 más gastos de representación de $ 20.000 y cobra de bolsillo $ 161.001. La Cámara baja cuenta con 257 miembros cuyas retribuciones brutas hacen para el total de los miembros un monto anual de $ 797.927.689 (238.829 x 257 x 13).

Un miembro del senado tiene una retribución mensual de $ 260.712 (240.712 de sueldo más 20.000 por gastos de representación) cobrando neto $ 176.316. El Senado tiene 72 miembros por lo que la retribución anual es de $ 244.026.432 (260.712 x 72 x 13).

La suma de ambas cámaras implica un total de $ 1.041.954.121. Teniendo en cuenta que el total de gastos del presupuesto nacional es de $ 3.988.095.409.786 el “gasto” de diputados y senadores es de apenas el 0,026%. ¿Alguien puede creer que ese porcentaje sea la causa de nuestros problemas? El gasto de la deuda pública estimado en $ 746.389.000.000 en el presupuesto de 2019 es 717 veces más grande que las retribuciones de los legisladores.

Si supusiéramos una reducción del 40 % de los sueldos de diputados y senadores el porcentaje de ahorro sobre el presupuesto nacional sería del 0,0104.

¿Cuánto gana el presidente de la República? $ 268.056 mensuales, como ven nada extraordinario y bastante modesto en comparación con los sueldos de otros mandatarios de la región. Medidos en dólares el presidente de Guatemala gana el 177 % más, el de Chile 122 % más, el de México 97 %, el de Perú el 76 %, el de Uruguay 66 %, el de Colombia el 62 % y sólo los presidentes de Honduras, Venezuela y Bolivia están por debajo del presidente argentino.

¿Y cuánto ganan los agentes de bolsa, los administradores de fondos de inversión, los CEOs de los grandes bancos? No lo sabemos y ese es el primer problema (mientras los sueldos de los políticos son públicos las ganancias de quienes trabajan en el ámbito de las finanzas están en la más absoluta oscuridad) pero seguramente multiplican el sueldo del presidente por un número de dos dígitos. Y no es lícito el argumento ingenuo, o no tanto, de que éstos son privados pero a los primeros “los pago yo con mis impuestos”. Está claro que si algunos se quedan con una parte de la riqueza generada por el país muy superior a su aporte para generarla (en muchos casos sin ningún aporte) se la están quitando a quienes sí trabajan en la producción de esa riqueza. Por lo tanto si bien no se les paga directamente con los impuestos se lo hace indirectamente mediante esa apropiación espuria.

Dejando de lado los números (¡por fin! dirán muchos) los argentinos tenemos desafortunadamente la experiencia empírica de que no son los gastos de la política los que generan los problemas económicos de nuestro país.

Durante varios períodos esos gastos se redujeron a cero. Son los años que sufrimos dictaduras donde no funcionó ninguna de las instituciones políticas. Así ocurrió entre 1955 y 1958 donde gobernaron Lonardi y Aramburu, en 1962 y 1963, durante el gobierno de Guido, entre 1966 y 1973 bajo la presidencia de Onganía, Levisngton y Lanusse y entre 1976 y 1983 durante la última dictadura. No se puede decir que la economía haya funcionado mejor que durante los períodos democráticos.

Durante la primera de estas dictaduras el PBI per cápita creció a un magro 1,45 % anual, en el período del gobierno militar con la máscara de Guido el PBI per cápita bajó al ritmo de 2,29 % anual, durante la denominada Revolución Argentina el crecimiento fue del 2,18 % anual (por supuesto nada espectacular) y durante los años de la última dictadura el PBI per cápita lejos de crecer bajó a un promedio anual del 0,54 %, además nos dejó la deuda externa más grande que tuvo el país hasta ese momento y una economía financiarizada con una desigualdad también inédita. Por lo tanto los que buscan en la política la causa de nuestros problemas económicos deben buscar con otra mirada ¿qué tal si hacen foco en la fuga de capitales, la desigualdad o la preeminencia de lo financiero sobre la producción?