Todavía siento las piernas temblando como Bambi apenas nació. Aún no se si quiero, o no puedo, salir de la emoción del hincha. Está claro que existe en mí un deber profesional de poder controlar las emociones; pero está claro cuando trabajo.

El análisis de una final, de cualquiera, conlleva abordar un resumen de todo lo que haya ocurrido hasta el momento mismo de la definición absoluta. En éste mismo espacio les comentaba que no existía escenario intermedio para el miércoles 5 de agosto a las 22hs; era el final de Shrek o el de Romeo y Julieta y fue el de Shrek nomás.

Los halagos se hacen repetitivos cuando se obtienen resultados. Que una buena dirigencia, que un buen grupo de jugadores, que un buen cuerpo técnico… todo tan cierto como que puede haber también una gran dirigencia, un buen grupo de jugadores y un gran cuerpo técnico sin poder completar el círculo. El nadador que se ahoga en la orilla no es mal nadador.

En el año 1996; fui a la cancha de River a ver la final de vuelta de la Copa Libertadores vs America de Cali, en condición de notero de CQC; y el miércoles 5 de agosto de 2015 fui como hincha. Estos dos mojones, en forma involuntaria lo juro, me llevaron a hacer un raconto de todo lo que sucedió en 19 años. Se fueron mis viejos, me enamoré, me casé; tuve 2 hijos, se casaron mis amigos, algunos se divorciaron, crecí profesionalmente, gané un Martín Fierro y lo devolví, y volví a levantarme muy temprano en las madrugadas, cosa que no hacía desde el servicio militar obligatorio allá por el año 88.

La vida, pienso, a veces e trata de lo que pasa entre los paréntesis que uno mismo se procura escribir dándose cuenta o no.

Grabemos los hinchas de River; los chicos, los jóvenes, los maduros y  los veteranos, este logro deportivo en forma indeleble. Recordemos cada segundo; cada emoción y cada acción.

Recordemos que las historias se viven y de ellas se aprende. Gloria, bronca, desparpajo, frustración, más gloria, incertidumbre, tristeza absoluta, dientes apretados, frente alta, sudor, lágrimas y más gloria. Es lo que pasa en la historia de todos y cada uno de los que se dignan a vivir y celebrar la vida.

Lloré. Cuando Carlos Sanchez la puso a media altura y Guzmán fue para el otro lado lloré. Abrazado a mis hijos lloré, no recuerdo con quién me abrazé en el 96 ni en el 86, pero siempre recordaré con quién lo hice en este 2015, y eso queridísimos primos, es algo que tampoco se borrará nunca más.

Buen fin de semana para todos.