La memoria de los pueblos es la que posibilita que no se repitan los errores del pasado. Lástima que hay un gran número de adeptos al olvido, a la amnesia impuesta. “Ya pasó”, “borrón y cuenta nueva”, es el modo en el que operan los refutadores del recuerdo. Si olvido el pozo en el que caí ayer, mañana puedo volver a caer. Hay dos funciones que tiene la memoria, como si fueran cajas: la retrógrada o memoria a largo plazo (que almacena los sucesos antiguos) y la anterógrada o memoria a corto plazo (que es la del presente, la que retiene lo que vamos haciendo) La segunda función de la memoria, la anterógrada, es la que suele deteriorase con la vejez y con algunos cuadros psicopatológicos, por eso hay viejos que recuerdan su infancia, pero dejan la pava sobre la hornalla encendida hasta que se queme, o repiten lo que hace un minuto acaban de narrar. Pero también están los que no recuerdan el pasado, porque se deterioró la memoria a largo plazo, la retrógrada. Se trata de una amnesia generalmente asociada al estrés o por efecto de alguna lesión.

   Hasta aquí, el plano biológico. En el campo psicológico y social, hay olvidos también, pero algunos son voluntarios, del mismo modo que hay “sordos” que no oyen lo que no quieren escuchar. Ciertos  sectores y grupos van por el olvido del pasado, apuestan a la amnesia, invitan a no girar la cabeza y avanzar olvidando el camino andado. Perdón Machado, pero sí, caminante, hay camino, y al volver la vista atrás, es verdad que se ve la senda que nunca (más) se ha de volver a pisar, pero si se la recuerda.

   Hay políticas que proponen cambiar por cambiar, porque lo que vale es el presente, es la filosofía New Age, en la que vale solo el ahora. Son los que proponen la risa efímera, que dura como un globo (¿amarillo?) en un cumpleaños, y no la felicidad, que es la que se construye en armonía con el pasado resuelto. Son los emisarios del olvido, que van por el “no importa el ayer y el futuro viene solo”. Un país maduro, equilibrado, evoluciona como las personas, por la vía de la elaboración de los conflictos, mediante la revisión de los errores cometidos en el pasado. Sospechemos de los que quieren pasar por alto lo que significa el 24 de marzo. La Memoria nos salvará de la violencia vivida. La memoria es la que define la Verdad de lo transitado y es la que permite que luchemos por un país más justo y solidario. La reflexión de lo vivido es tan importante como el estar atento en el presente. El ayer y el hoy se retroalimentan con cada paso que damos, con cada decisión que tomamos. Somos el producto de una historia siempre viva. El ser que soy, como el país en el que vivo, se va determinando en relación al pasado. Las identidades de las mujeres y de los hombres, como las de los pueblos, se afianzan en el diálogo permanente con la historia. Si queremos un país diferentes, no debemos olvidar lo vivido.