"Cantar como se debe, es algo más que cantar como se puede o como conviene cantar", Alfredo Zitarrosa.

A propósito del cumpleaños número 68 del siempre joven Carlos Alberto Solari, el Suple aprovecha para poner en tema la garganta de uno -sino el mejor-, de los letristas de nuestro rock nacional. 

Si uno repasa en el registro de estudio la evolución de la voz del Indio, desde Gulp! a Momo Sampler -en su etapa ricotera-, y más acá desde El Tesoro a Pajaritos, hay una raíz en el timbre que, claro, es la misma. 

Pero evidentemente, la fuerza, los matices y el lucimiento en cada uno de los discos (cassettes o dvds), es notable en ascendencia.

A partir de La Mosca y la Sopa, Los Redondos mejoran la calidad de sus entregas y ello marca un quiebre en la voz del Indio que se perfecciona de una vez y para siempre en Lobo Suelto/Cordero Atado. 

Claro que antes de estas placas, ya en Bang Bang figura quizás la canción más hermosa de Los Redondos -'Esa estrella era mi lujo'-, pero basta con escuchar Salando las heridas, Espejismos o Etiqueta Negra (por citar algunas grabaciones de estudio), para deleitarse aún más con el tono y pureza de la voz. 

Y seguir en Luzbelito, dejarse llevar por Blues de la Libertad o por la licencia para pegar alaridos en tono de Juguetes Perdidos.

Podemos citar los rocanroles furiosos donde esa voz también llega a conmover (Rock para el Negro Atila, El pibe de los astilleros), pero ya esa cualidad incluso sin tanta calidad la habíamos escuchado en los primeros cds (Ella debe estar tan linda, Ya nadie va a escuchar tu remera). 

Admitimos que ya en Último Bondi y Momo aparecen las intervenciones más notorias o las placas en el instrumento de Solari, y no porque su garganta no llegue a la canción, sino ya por una decisión artística. 

Pero empecemos por el Solari que canta en vivo.

Aquí encontramos uno de los primeros registros filmográficos que vieron la luz de Los Redondos en escena: el video oficial que con el paso del tiempo hicieron de 'Fuegos de Oktubre', en ocasión de la presentación del segundo trabajo de la banda. 

Las imágenes son de 1986, filmadas en Súper 8 mudo, con instantáneas de los camarines, imágenes del público y la película 'El acorazado Potemkin', de Sergei Eisenstein. Y claro, un Indio de 37 años, con la gola ardiente, y más gruesa que en el presente. 

 

 

Hace unos años, conocimos a su sonidista, Mariano Sagasta, y la manera en que labura con nuestro único héroe en este lío del rock que se puso viejo y previsible.

La adquisición de tecnología para el sonido y montaje final de los shows de Solari, con casi 60 canales, permiten que la voz pueda realzarse con varios efectos que hacen lucir como entonces.   

"Con el Indio se utiliza varias reverbs, plugins, compresores... De acuerdo a la canción ponemos uno u otro a distintos niveles", contó en esta entrevista.

 

 

Se advierte a partir de ahora que esta elección de las mejores versiones en vivo de Solari es caprichosa y responsabilidad del cronista (cada uno guardará la suya y no precisamente en las redes sociales), .

'Perdiendo el tiempo', arrolladora versión que Los Redondos hicieron en el teatro San Martín en 1992, donde un Indio inspiradísimo cambia cierta parte de la letra y explota en un final tremendo. 

Imposible no canturrear por un par de días "...acabó con mi piel... mordedura en la piel" después de oírla. 

 

 

Y escuchemos de estudio el notable vaivén de la voz de Solari en Espejismos, también en los primeros 90. 

 

 

Ya en 1998, Solari pisa los 50 años y canta en un estadio de Racing repleto y pese a los incontables problemas de sonido de esas dos noches, surfea sin mucha ayuda de la consola con su voz cada una de las canciones. 

Llega a todos los tonos, puede flaquear quizás en algún tema o bajarle un cachito su tempo para tragar saliva, pero sigue siendo notable.

Escuchemos Cruz diablo, de Luzbelito, que a esa altura ya llevaba unos años en el ruedo. 

 

 

Ya en la última etapa de Los Redondos, si bien el registro de imagen no es tan bueno como la claridad de la voz de Solari que queremos evidenciar, figura el anteúltimo recital que Patricio Rey ofreció en el estadio Centenario de Montevideo.

En la versión de abril de 2001 de Queso Ruso se puede escuchar la diferencia entre la voz de Solari en Perdiendo el tiempo y esta, nueve años después.

 

 

Post Redondos, Solari funda Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, graba tal reconoció "paredes de sonidos" en las nuevas composiciones, donde su teclado manda melodías y sus máquinas suman texturas y climas a grandes temas. 

En su etapa solista también hay grandes diferencias entre el sonido final y su voz del primer cd al segundo, Porco Rex, y una depuración notable al siguiente, El perfume de la tempestad. 

De hecho, sorprende el primer track de ese cd, Todos a los botes, donde su voz está como nunca antes, por delante de los instrumentos.

Aquí la versión de No todo lo que reluce es Dios, que comienza con un scratch que da paso a la voz 'retocada' de Solari, que lo llena todo. 

 

 

Más acá en el tiempo, en 2008, en los recitales de fin de año de La Plata que luego se hicieron DVD, Solari canta una sentida versión de Pabellón Séptimo, aquella masacre de marzo de 1978 donde murieron casi un centenar de internos del penal de Devoto, entre ellos, Luis María Canosa, cantante de Dulce Membriyo, primera banda platense que también integró Federico Moura (ex Virus) y para la cual el Indio aportó alguna letra. 

En aquel domingo caluroso de diciembre, faltaban apenas 27 días para que el Indio cumpliera 60 pirulos y su voz logra transmitir aquella asfixia, el dolor, la encerrona, la misma muerte de la que habla la canción. 

 


Debemos los ricoteros, más allá del parecer de cada uno y del sector del campo donde escuchó los recitales post 2008, ya sea bajo el sonido arremolinado y distante que se llevaba el viento en Junín o la gran caja de resonancia que es el Padre Martearena de Salta, reconocer que la edad de Solari empieza a evidenciarse en su voz. 

Aunque descolle por el volumen en los Tandil de 2010 y al año siguiente, luzca pasada por aguanieve en la histórica jornada del autódromo de San Martín, Mendoza, o mejore entusiasta en el romántico barro de Gualeguaychú la noche que invitó a Sidotti, Dawi y Semilla. 

Al fin y al cabo cuando a uno algo le late y no es su corazón, sino una canción cantada por el Indio Solari, lo que escuchará es la idea propia que cada uno tiene de la voz que este martes celebra 68 años. 

No perdamos las ilusiones, escuchemos una más: de su último show, en Tandil 2016, luego de confirmar que sí, que "Mister Parkinson me viene siguiendo los talones", el infernal comienzo con Nuestro Amo Juega al Esclavo. 

Allí donde él dice que se siente más cómodo que en ningún otro sitio, su lugar en el mundo, donde ya poco importa cómo responda la voz cantante de Patricio Rey.