Se trata de Alejandro Ramos Martínez, un buzo que padece desde hace cuatro años un extraño mal que ha deformado su cuerpo, ya que este se infló en bolsas de nitrógeno por haber ascendido abruptamente de las profundidades del océano mientras extraía mariscos.

Debido a ese percance, su sangre produjo enormes cantidades de nitrógeno que se alojó dentro de unas bolsas en sus músculos. Según explicaron los médicos, extraer las bolsas de nitrógeno resultaría muy difícil teniendo en cuenta que estas están adheridas fuertemente a su carne.

 

 

“En Lima se trató en una primera instancia hacer unos cortes y extirpar. Se trató de extirpar como si fuera como una bola de grasa. Pero eso está en investigación”, explicó doctor Miguel Alarcón del Hospital San Juan de Dios de Pisco, en la ciudad de Ica, al sureste del país.

La única solución que encontraron hasta el momento y que ha logrado reducir en un 30% el volumen de nitrógeno consiste en una cámara hiperbárica que ofrece oxígeno puro y permite desintoxicar el cuerpo. De todas maneras, como el caso de Alejando es único en el mundo, los médicos de la Sociedad Peruana de Medicina Hiperbárica aún se encuentran estudiando el caso.