En tan solo unos minutos en contacto con la prensa, el presidente de Estados Unidos volvió a hacer gala no solo de su paranoia sino también de sus prejuicios. 

Voló hacia el valle de California para supervisar y analizar los ocho prototipos de muro que se están construyendo en tierras federales y que competirán entre sí a la hora de ser seleccionados para la titánica e ¿imposible? tarea de construir una muralla que separe a Estados Unidos de México y así "evitar la inmigración ilegal" en palabras del propio Trump. 

El mandatario planteó: “Cuanto más grande [el muro], mejor, porque así es más difícil pasar por encima. ¿Quién lo habría pensado? Pasar por encima es fácil, esta gente son escaladores profesionales. Algunos de estos muros los pueden escalar, esos son los que no vamos a usar”.  Además agregó: “cuando lo pongamos de verdad vamos a parar el 99% (de los intentos de cruzar), puede que más”.

Pero, en su visita a los soleados valles californianos, Trump dedicó también unas palabras al Gobernador de ese Estado, Jerry Brown, al que remarcó que "está fuera de control" y le criticó que California está “inundado de drogas” y con “los impuestos más altos del país”.

 

Brown le contestó a Trump y le agradeció ironizando que son mejores los puentes que los muros, y le recordó que "California sigue siendo la sexta economía más grande del mundo y el estado más próspero en Estados Unidos".