Las mujeres indias han decidido comenzar a protestar contra la marginación que sufren y una sociedad que las relega a una ciudadanía de segunda sujeta a limitaciones ancestrales.

Por ejemplo, la prohibición de entrar en un templo hindú al ser consideradas impuras por menstruar. Dos mujeres, desafiando a los todopoderosos sectores conservadores y amparadas por la justicia, han entrado en el templo de Sabarimala, provocando un auténtico terremoto social en el progresista estado de Kerala, en el sur del país. Las protagonistas del hito son Bindu Ammini y Kanakadurga.

Vestidas de negro y escoltadas por la policía, la madrugada del miércoles pusieron punto y final a siglos de prohibición y, aprovechando el descuido de los ‘ultras’ que defendían el recinto religioso, entraron. El pasado mes de septiembre, el Tribunal Supremo sentenció levantar la prohibición de que niñas y mujeres, de entre 10 y 50 años, entraran en el templo a riesgo de mancillarlo. Sin embargo, y pese a contar con el aval judicial, ninguna mujer lograba el objetivo de entrar al famoso templo de Sabarimala, fuertemente custodiado por miles de devotos que lo impedían.

Una de las más espectaculares manifestaciones fue cuando unos 3 millones de indias participaron en una cadena humana a lo largo del estado de Kerala cubriendo, nada más y nada menos, que 620 kilómetros. Construyeron el que bautizaron como “muro de mujeres”, una iniciativa secundada por el Gobierno comunista de Kerala. Los funcionarios participaron en la protesta y escuelas y universidades solamente funcionaron media jornada a fin engrosar, con un éxito incontestable, la cadena humana.

 

 

Tiendas y pequeños negocios han cerrado sus puertas y el servicio de transporte público ha sufrido alteraciones en todo el estado de Kerala; especialmente Kochi, la capital comercial. Los taxistas han evitado aceptar pasajeros a riesgo de ser agredidos por los convocantes del paro. Su presión ha logrado paralizar, prácticamente, laactividad diaria en el estado indio.

A medida que avanzaba la jornada del jueves, aumentaban los conatos de violencia. Los datos aportados por el jefe de Gobierno de Kerala, Pinarayi Vijayan, dan cuenta de ello: siete vehículos policiales y 79 autobuses destruidos, y decenas de miembros de las fuerzas de seguridad y medios de comunicación, en su mayoría mujeres, agredidos.

El político del Partido Comunista de la India constató que hay "un alto grado de violencia a lo largo del estado" y aseguró que que su Gobierno tiene la responsabilidad de implementar la decisión del máximo órgano judicial.

"El Sangh Parivar (grupos afines al nacionalista hindú de extrema derecha Rashtriya Swayamsevak Sangh) están tratando de sabotear el veredicto del Tribunal Supremo, los devotos reales no están en contra del veredicto", ha afirmado Vijayan.

El jefe del Gobierno de Kerala defendió a capa y espada la entrada de las dos mujeres al santuario. Imágenes difundidas por medios locales que han dado la vuelta al mundo muestran a dos mujeres de negro con la cabeza cubierta accediendo al templo en la oscuridad de la noche entre una multitud de hombres, tras haber realizado la ascensión de cinco kilómetros desde la localidad de Pamba hasta el templo.