No se lo puede tomar para el chiste, el discurso que emana desde el que será el nuevo poder Ejecutivo de Brasil hiela la sangre de todos aquellos que se animan a pensar un mundo distinto y también de los que piensan que sólo se puede progresar a partir de respetar las disidencias en el marco de un sistema democrático que no fomente el odio hacia el otro. 

Es todo lo contrario al camino que encara el Brasil de Jair Bolsonaro. Sin ir más lejos, a pocas horas de asumir, el presidente electo llamó a "combatir la basura marxista" de la educación.

"Una de las metas para sacar a Brasil de los peores rankings mundiales es combatir la basura marxista que se instaló en las instituciones educativas", escribió Bolsonaro en las redes.

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Y no es una excepción. La diputada Joice Hasselmann, la más votada de la lista del partido de Gobierno, dijo que Brasil actualmente es un país Comunista. 

Para Bolsonaro los comunistas están en todas partes, incluso en el seno de la ONU, en cualquier defensa a los derechos humanos. Comunistas son las manorías, son las mujeres que reclaman derechos, son los homosexuales, son los pobres, son cualquiera que no se ajuste y enculmne detrás de los valores nacionales. 

La intención discursiva es evidente. Asociar a toda oposición, en especial al PT de Lula con la URSS. En primer lugar hay que decir que es una asociación completamente errónea. Nada tuvo que ver el gobierno popular del partido de los Trabajadores con la revolución Rusa, ni con Cuba. O, mejor dicho, sólo desde una mirada sesgada y de ultra derecha se puede hacer este tipo de igualaciones.

Y al mismo tiempo, recordar que situar a la izquierda como el peor enemigo del hombre, es el paso previo para justificar una avanzada contra la oposición que no respete ningún proceso judicial ni democrático. Es que al peor enemigo, sólo se le puede dar el peor de los tratos.

Esta historia no es nueva, el mundo ya conoció estas formas de gobiernos en las primeras décadas del Siglo pasado, con el ascenso del fascismo en Italia y la posterior llegada de Hitler al poder en Italia.

La extrema derecha busca inventar un chivo expiatorio a las desigualdades que genera el capitalismo y que sirva para exaltar los sentimintos nacionales a partir del odio irracional.