En octubre de este año, el Instituto Karolinska de Suecia galardonó con el premio Nobel de medicina a Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young por sus "descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano".

Hall, junto a sus compatriotas estadounidenses, logró el premio por sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el “reloj biológico interno” por el que los seres vivos se adaptan a las rotaciones de la Tierra.

El médico se encuentra retirado desde hace diez años en la zona rural de Maine , en el noreste de Estados Unidos, ya que decidió renunciar a la investigación cuando se quedó sin fondos y aunque habría podido seguir cobrando el sueldo “por hacer casi nada”, esa era para él una opción “ofensiva”.

En una entrevista con Efe, Hall plantea que “mucha gente que está ahora en el Gobierno de Estados Unidos odia la ciencia y la teme. No quieren que haya investigación científica”.

 

Jeffrey Hall,  EFE/EPA/FREDRIK MONTOGOMERY.
Jeffrey Hall, EFE/EPA/FREDRIK MONTOGOMERY.

Y agrega que la actual administración tiene un presidente que es “extremadamente antintelectual, incluido anticiencia”, tanto que este año Trump se “negó” a recibir a los ganadores estadounidenses del Nobel.

“A mí no me importa -acota-, porque habría rechazado encontrarme con él, pero lo relevante es que él no quiso”, subraya Hall y destaca que en Estados Unidos la religión tiene una “grandísima” influencia y “una de las características de la religiosidad ferviente es negar la ciencia” e incluso querer que la Biblia “sea considerada como un libro de historia y de ciencia”.

Hall dedicó casi toda su investigación a trabajar con la mosca de la fruta -“la pequeña mosca”, como él la llama-, al principio solo desde el punto del vista genético y luego también biológico. Un animal que actúa “de una manera muy sofisticada, su comportamiento no es simple, es interesante”, además “es fácil trabajar con esos organismos” pues hay menos limitaciones, “puedes hacer lo que quieras con un insecto”.

De todas formas, él siguió el consejo de su primer mentor: “Ama a la pequeña mosca además de trabajar con ella, si lo haces, lo creas o no, tu investigación será mejor”.

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