Relatos de ataques de presuntos “chupasangre” siguen replicándose en distintas áreas rurales de Malawi en pleno siglo XXI y tratando de justificar actos de violencia que muchas veces terminan en asesinatos. 

Después de que a comienzos de octubre, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decidió retirar parte de su personal presente en Malawi por los linchamientos, y luego que el presidente declarara el toque de queda por la noche; el Ejército de esta nación africana salió a las calles para calmar a la turba. 

"Vi luz en una esquina de mi techo”, asegura Jamiya Bauleni,  madre de familia que vive en la ciudad de Ngolongoliwa, en el sur del país. Y agrega: “Vi una cuerda colgando y humo que me rodeaba. Intenté levantarme de la cama, en vano, y fue ahí cuando sentí una aguja atravesar mi brazo izquierdo”.

 

Este supuesto ataque de un "vampiro humano" ocurrió el pasado 2 de octubre. Una vecina, Florence Kalunga, de 27 años, afirma haber sido atacada esa misma noche en la que sintió  “como un fuego”. “Oí que la puerta se abría y sentí una aguja perforando mi dedo”, cuenta Kalunga. 

Malawi es una nación en la que ciertas creencias están muy arraigadas en especial las vinculadas con la magia, como por ejemplo creer que los huesos de los albinos tienen poderes especiales. 

Desde septiembre, grupos que se denominan a sí mismos como de "autodefensa" han matado - con machetes y piedras- a al menos nueve "vampiros humanos". 

“Nada prueba la existencia de bebedores de sangre. Es una mentira que tiene como objetivo desestabilizar a la región”, insistió en un mensaje público el presidente, Peter Mutharika que alertó no solo sobre la violencia creciente sino también sobre la merma de turistas a la región, una economía clave en las reservas naturales. 

Pero no solo ocurre en zonas rurales sino que también grupos de milicianos armados patrullaron los barrios desfavorecidos de Blantyre- la capital económica del país- buscando vampiros donde una persona fue quemada viva y otra lapidada.

“Los pobres piensan que los ricos son codiciosos y les chupan la sangre”, analiza  Anthony Mtuta, maestro de conferencias en antropología en la universidad católica de Malawi.