En el medio de cruces internacionales entre el gobierno de Bashar al-Ásad- defendido por Vladimir Putin- y diversas potencias occidentales por el supuesto uso de armas químicas; y tras el bombardeo del sábado pasado con 105 misiles, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Jim Mattis,dio a conocer los objetivos de las explosiones. 

Mattis habló de "infraestructuras de armas químicas" del gobierno sirio que habrían sido utilizadas para el ataque a población civil que ocurrió en la ciudad siria de Douma, cerca de Damasco. Según opositores, médicos y equipos de rescate, la ofensiva sobre este enclave rebelde habría dejado más de 40 muertos.

El gobierno del presidente Bashar al-Assad negó en todo momento el uso de armas químicas y Rusia, su aliada, aseguró que cuenta con pruebas de que se trata de un montaje; mientras Reino Unido, Estados Unidos y Francia insisten con la necesidad de intervenir en territorio sirio. 

Por su parte, el gobierno de Bashar al-Assad  asegura que destruyó su arsenal químico, como se había comprometido tras un ataque en 2013 con gas sarín. La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), sin embargo, le ha atribuido cuatro ofensivas de este tipo desde entonces.

Los lugares atacados

 

 

Estados Unidos sostiene que en esta última locación bombardeada de Him Shinshar sería "la ubicación principal del sarín sirio y del equipo de producción de precursores".

Por otro lado, el Gobierno de Donald Trump está sopesando crear una fuerza árabe que tomaría el relevo de las tropas estadounidenses en la lucha contra los terroristas de Estado Islámico, en Siria, según informó el diario económico 'Wall Street Journal'.

"Hemos pedido a nuestros socios [Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Qatar] que asuman una mayor responsabilidad para garantizar la seguridad en su propia región", destacó Trump.