El amor se celebra cada 14 de febrero porque somos un poco colonia yankee pero otro poco porque somos personas que amamos amar. El tema es que como todo origen de las cosas, nada fue como te contaron que fue y a lo largo de la historia, los escenarios y partícipes de las mismas se van modificando hasta formar algo que poco tiene que ver con lo que sucedió. 

Así que, primero pedimos perdón por sacarle el polvo (guiño) a este mito internacional y segundo pasamos a contarles el origen del Día de San Valentín. Es que esta fiesta en honor a los enamorados se basa en las Lupercales, un festival de depravación y sexo salvaje que se llevaba a cabo en la Antigua Roma. Sí, sexo que, bueno, algo tiene que ver con el amor, aunque no el amor romántico sino el amor en su generalidad, en cuidar darle placer y cuidar a quien tenés enfrente.

La idea de estas fiestas romanas era lograr que los jóvenes se iniciaran en la sexualidad y perdieran el miedo a mantener relaciones entre sí. La celebración era muy bárbara, bárbara de barbarie no de genial aunque también debe haberlo sido, que se puso a La Iglesia de enemiga, qué raro. Y desde que la institución religiosa se enojó, transformó ese día de celebración sexual en lo que hoy conocemos como el amor de pareja.

 

POUSSIN Nicolas (194-1665), Le triomphe de Pan, 1635, huile sur toile, 134x145 cm, Londres, National Gallery.
POUSSIN Nicolas (194-1665), Le triomphe de Pan, 1635, huile sur toile, 134x145 cm, Londres, National Gallery.

 

Pero eso no es todo. Hay varias teorías. Otras indican que también se basa en otra fiesta pagana que se quería cristianizar (porque, de nuevo, La Iglesia quiere estar en todo): la que se hacía en honor de Juno Februata. El autor John M. Flader afirma en su obra "Tiempos de preguntar. 150 cuestiones sobre la Fe Católica" que, en la Antigua Roma, existía la costumbre de honrar a esta deidad introduciendo los nombres de las jóvenes de la ciudad en una caja. Cada uno de ellos era extraído por un chico y la pareja resultante quedaba unida a nivel sexual. Oooootra vez sexo y oootra vez el catolicismo hizo que fuera modificada. "Al final, se sustituyeron los nombres de las chicas por los de los santos", afirma el autor y todxs ponemos cara de aburridos.

El periodista e historiador Jesús Hernández (autor del blog "¡Es la guerra!") en su obra "La fiesta de San Valentín" fue instaurada en el año 498 por el papa Gelasio I, probablemente en un intento de eliminar la efeméride que ya nombramos de las Lupercales, que se celebraban el 15 de febrero. Un festejo relacionado con el amor y la reproducción.

El tema era que el emperador romano Claudio II Gótico (214-270 d.C.) creía que los soldados que estaban casados pecaban de conservadores en el campo de batalla y prohibió las bodas. Pero San Valentín, un obispo de la ciudad de Iteramna (hoy Terni, en Italia), celebraba en secreto las bodas de los soldados que no querían cumplir esa orden del emperador.

Sí, al chaboncito lo agarraron y fue preso y decapitado JUSTO el 14 de febrero del año 269. "Se cree que fue enterrado en la Vía Flaminia, a las afueras de Roma, lo que hizo que durante la Edad Media la Puerta Flamina fuese conocida como Puerta de San Valentín", sostiene Hernández.

Pero no queda ahí. Por supuesto que también existe la versión oficial, la bella, la que hace quedar a La Iglesia como la copada y acá va. Según "El día de San Valentín" (editado por la Consejería de educación en el Reino Unido e Irlanda), Valentino era, allá por el siglo III, un cristiano que continuó practicando su religión a pesar de la prohibición romana. Sus principios lo llevaron a la cárcel, donde uno de los guardias le pidió que diese clases a su hija ciega. Después de pasar mucho tiempo juntxs, la chiquita recuperó la vista y se convirtió al cristianismo al entender que era "la fe verdadera". A este Valentino también lo ejecutaron y, antes de que suceda, mandó una última nota a la niña pidiéndole que se mantuviera en la fe. La nota iba firmada: "de tu Valentino". Al día siguiente, también 14 de febrero, chau Valentino. Sus restos están en la Basílica de su mismo nombre, en Terni, donde cada año las parejas que van a casarse celebran un acto en honor del Santo.

 

 

Fuente: ABC.

Cuadro: "Los romanos de la decadencia", de Thomas Couture.