Imaginate que estás en tu trabajo y de repente encontrás un sobre en uno de tus cajones. Ese sobre antes no estaba y decís apa, qué sorpresa. Lo abrís y adentro hay una llave y una nota que dice "Te espero en la oficina que está al lado del ascensor. Acá tenés la llave. Spoiler: quiero coger". Ay. Sentís un escalofrío. Quién será. Le tenés ganas a varias personas en tu laburo, así que primero te fijás quién está ahí con vos, esa gente no es quien te espera en la oficina misteriosa. La recepcionista no está y el chico que se sienta a tres personas tuyas tampoco. Puede ser cualquiera lxs dos. 

La recepcionista es hermosa, tiene buenas tetas y una sonrisa divina. El otro está bastante bien, aunque me gustaría que sea más copado, es medio timidón, pensás. Qué tema, ¿cómo ir? ¿Cuándo? ¿Resuelvo esto de laburo así me quedo más tranqui o voy ahora de una? Esta es la cagada de las oportunidades, si me preguntabas si prefería que me pase esto a que no me pase, decidía que suceda, pero ahora no sé qué hacer. Bueno, ya fue. Voy. 

En el camino sentís la transpiración fría y la boca llena de saliva tibia. Estás entre caliente y cerquita del desmayo. Jamás te había pasado algo así. Qué bronca que no lo puedo grabar de alguna manera, ésto es hermoso, decís. Bajás los tres escaloncitos que te separan del ascensor y, por ende, del cuarto misterioso. Temblás, sentís calor en la entrepierna pero no querés adelantarte, capaz que abrís la puerta y es Raúl, el conserje. Y eso no te gusta. 

Bueno. Es el momento. Chequeás que no venga nadie y te mandás. Las manos te transpiran entonces la llave entra mal y sentís que si ni siquiera podés meter la llave, qué vas a hacer ahí adentro. Pero ya estás ahí, no podés volver atrás, tu intento se escuchó del otro lado. La saliva espesa no te deja en paz pero respirás profundo y abrís la puerta con un empuje de determinación que ni vos sabés de dónde salió. 

La oficina está completamente oscura. Te asustás y del cagazo se te va toda la excitación, ahora tenés miedo de un secuestro, pero entrás y a los tres pasos te la ponés con una silla. Después del ruido escandaloso que hacés, escuchás su voz. "¿Te lastimaste?", se te hiela la sangre. Creés que es la recepcionista, te atolondrás con las manos intentando tantear por donde viene la voz. "Sentate, tengo algo para vos", dice. POR FAVOR, pensás, QUÉ ES ESTO NECESITO CHAPARTE COGERTE. Pero obediente te sentás sin decir nada. 

Sentís que se acerca y te respira en la oreja. Despacito. Sentís que está suspendida en el aire, no te toca, no existe, pero su voz sí, ahí está, otra vez entra en escena. Entre las respiraciones profundas y tu corazón descontrolado, la escuchás. "Te voy a chupar y a humedecer todo el cuerpo". Estás re caliente de nuevo, tenés miedo de irte en seco, de no poder esperar. Su tono es amable, preciso y cargado de hormonas. 

De repente sentís dos manos frías que te agarran los brazos y quedás inmóvil. "Va a ser rápido pero efectivo, quiero que me chupes hasta acabar". Las manos frías, su voz, todo este juego empieza a tener algo siniestro pero seguís lo suficientemente caliente como para no darle bola a la sospecha de venta de órganos. Te apoya las tetas en la boca, las sentís, su suavidad, la textura y el peso de unas buenas tetas gigantes y naturales, la piel finita y suave. Tu lengua entra en trance y ya no responde a vos sino a ella misma. Te babeás toda la cara, las manos te sostienen fuerte los brazos, sólo tu boca se mueve, solo tu cabeza está libre. Sentís presión en todo el cuerpo, ahora la tenés apoyada encima, gimiendo mientras las chupás. No das más, pero ella parece tener otros planes. De repente frena y se aleja. No está en ningún lado. La oscuridad te marea. Preguntás qué pasa, decís que estás caliente, que basta, que por favor. 

Te estás por parar, te querés ir porque no entendés. Hasta que sentís esas dos manos otra vez apretando fuerte tus antebrazos. Pero eso no es lo único que pasa, también sentís otras manos. Ahora son cuatro. Dos que te agarran y otras dos que te tocan la entrepierna. Otra vez esas tetas magníficas y nuevamente tu lengua y el trance. Algo pasa abajo pero no podés concentrarte. Mientras chupás te la chupan. Hay dos personas encima tuyo, no sabés bien quienes aunque te imaginás y llegás a un punto de calentura que no creías que existía, te negás a acabar, querés que esa sensación dure mucho tiempo, pero no podés, es muy rico, es lo más genial que te pasó en la vida. 

Listo. Te mojás mucho. Cuando se dan cuenta todas esas manos y esas tetas se alejan de golpe. Te quedás en silencio un buen rato, con el pulso a mil quinietos, intentando entender lo que pasó. 

 

Volvés al escritorio con la cara descolocada.

 

Es lunes y son recién las once de la mañana.