En una nota sin firmar, el diario tribuna de doctrina fustiga a la Legislatura bonaerense y al proyecto presentado por senadores del Frente para la Victoria (autoría de Santiago Carreras y Darío Díaz Pérez) que declararon a Diego ciudadano ilustre de la Provincia donde nació.

En la fundamentación de los legisladores, señala La Nación, se expresa que el Diez "además de su notable condición de deportista, es un ejemplo constante de gestos solidarios? compromiso con los barrios humildes y los partidos por la paz? Además de ser el mejor jugador que ha dado la historia del fútbol, es un emblema argentino y es claro merecedor de este reconocimiento".

La colocación de un solo signo de pregunta es del diario, no error de tipeo de este portal. Relativizar la presencia de Maradona en cuanto partido por la paz se juegue, su solidaridad con causas sociales o políticas y su presencia en los barrios, también es intencional en el diario. 

La Nación se abruma en un pasaje previo de la nota en la que destroza a Maradona y al kirchnerismo por esta mención: "La ley que establece las condiciones para el otorgamiento de esa distinción cita expresamente 'que su vida pública, profesional y privada, pueda señalarse como ejemplo y/o valores para generaciones futuras'".

Y comienza su derrotero: "Maradona es sinónimo indiscutido de fútbol desde que jugaba como cebollita; jalonando su carrera futbolística con estelares actuaciones para alegría de su público que aprendió a disfrutar de sus excepcionales jugadas y goles".

Nótese la distancia al escribir que Maradona tenía "su público" y no un nosotros que disfrutamos de Diego en Argentinos, Boca, Barcelona, Nápoli, Sevilla o Newell's.

Sigue: "Como contrapartida, en su vida personal atravesó tormentas de variada intensidad que, lejos de circunscribirse al ámbito de su intimidad, alcanzaron enorme trascendencia pública. Excesos, transgresiones, desmesuras ligadas a su triste dependencia de sustancias que lo tuvieron al filo de la muerte, así como sus extemporáneas y violentas reacciones ante las más diversas situaciones".

Y subestima a quién vea en Diego a un ídolo, un Dios de carne y hueso con sus peores errores y mejores virtudes: "Sus fanáticos revelan una increíble dificultad para reconocer su larga lista de innegables defectos, como si hacerlo fuera despojarlo de la gloria por sus proezas en el campo de juego".

En el párrafo donde La Nación cree adueñarse de la verdad, subraya: "A los 57 años, nadie osaría describirlo como un caballero del deporte".

Se encara y denosta: "Su actitud desafiante y patoteril; la utilización de un lenguaje soez; sus mentiras; los gestos ofensivos y agraviantes, asociados a una tendencia a desautorizar a todos con aires de superioridad, se potenciaron también con los síntomas de esa triste enfermedad que lo volvió dependiente y autodestructivo".

 

 

Los ejemplos de La Nación

No contentos con el derrotero de lugares comunes en una crítica hacia el Diez sin poner sobre el escenario sus orígenes, en discusión sus rivales ni sus contradicciones según los tiempos, La Nación comienza con las comparaciones (¿odiosas, siempre?): "Eximio futbolista, muy lejos está de ser un deportista con todas las letras (de la talla de Fangio, Vilas, De Vicenzo, Porta o J. C. Harriott (h.), por solo nombrar algunos)".

Fangio y Vilas, bien, uno un automovilista pentacampeón, y un tenista casi número 1 del mundo. Merecedores del título de ciudadanos ilustre, claro. Pero La Nación no analiza resultados para colgarle el cartel de ejemplar a un deportista (¿o sí?). Qué virtud fuera de las canchas o la pista han tenido Fangio y Vilas. De las notables preguntamos, de las que se recuerden. 

¿Y De Vicenzo, un golfista notable, gran campeón? Lo mismo repasamos sobre el gran Hugo Porta, considerado en su tiempo el mejor del mundo en su puesto con la ovalada en la mano. Peor: ¿Y un polista al que los pibes tienen que googlear para saber quién cuernos es? A Harriot chicos, señora, le decían el inglés, es considerado el mejor de todos los tiempos en un deporte que muchos ejemplos no da porque el polo no llega a gran parte de la sociedad, su popularidad no es tal, no le da. 

Al autor de la nota se le escaparon un par de nombres, por caso Emanuel Ginóbili, quizás el mejor de todos por logro-carrera-ejemplo-legado-comportamiento.

Más de Maradona: "Su habilidad con la pelota contrasta con su falta de modales, humildad y compromiso, base de un sano y edificante espíritu deportivo".

La conclusión final es liviana, no así la construcción del poderoso nosotros que no quiere a Maradona, y considera desafortunada la distinción: "No podemos tomar una parte por el todo. ¿Por qué, como sociedad, tendemos a sobrevalorar y a endiosar a quienes carecen de mérito suficiente? El Maradona futbolista es digno de elogios. El deportista carece del brillo que otorgan las virtudes que hemos de proponer como ejemplo. Por estas razones, consideramos que, además de desconocer la letra y el espíritu de lo que fija la ley, es por demás desafortunada la distinción con la que lo reconoció la Legislatura bonaerense".

 

 

Maradona no es un Dios, claro, pero no hay nadie más de carne y hueso que él. No hay nadie con esa virtud de la pelota en una provincia donde jugar bien en un campito en el suburbio puede incluso salvarte la vida, más no sea para jugar por plata y parar la olla. 

Diego no es infalible ¿qué ídolo lo es? Y por caso, ¿quién signa la corrección política de un referente deportivo? ¿Quién mide o califica sus actitudes como buenas o malas?

Maradona es ciudadano ilustre de su provincia, la más popular del país y una de las más miserables también, la que gobierna María Eugenía Vidal ¿Será una sugerencia para a quién La Nación señala como la próxima presidenta, o simplemente otra bandera más en su tribuna de doctrina?

Diego es merecedor del título de ciudadano ilustre de la provincia de Buenos Aires porque creció y conoce como nadie el barro donde hay que hacer pie para sobrevivir allí.

Maradona jugó mejor que nadie el deporte más popular del mundo, todavía habla con los pies, y eso -guste o no el tono y el contenido de las declaraciones-, lo hace un ilustrado.