"En un principio, la idea que impulsó este libro fue la de hacer una película", escribe-como en el comienzo del Génesis- Ulises Conti. Inmediatamente el lector empieza a comprender, cuando recorre las primeras páginas, de qué se trata ese inicio de idea distinto que confluyó en esta publicación.

Casi como el cuadro de Magritte y su famoso "Ceci n'est pas une pipe" considerar a La cinta transportadora como un mero libro sería velar y ser injusta con su contenido. También podría argumentar "esto no es una reseña" y anclarme en el puro goce de la lectura.

Los textos, que cuentan con su versión en inglés al final, se encuadran bajo un título que remite a los sonidos de las cintas de audio rebobinándose o al sonido del carrousel de valijas de un aeropuerto. Apenas leí el sentido de La cinta transportadora tuve que buscar esas resonancias; Conti genera esa necesidad en la lectura.

Elegí los del aeropuerto por ser más inciertos y discontinuos (el lector puede escucharlos poniendo play más arriba). Funcionan como un colchón auditivo para estos proyectos reunidos- en diez años- que incluyen notas, experiencias, conferencias, ficciones, entrevistas, un diario, gráficos, fotos, mails, ilustraciones y un ritmo propio que permite verlos en continuidad de ideas y estéticas- como un todo- y no como una mera recopilación de sueltos.

Foto: Ryo Mitamura

Conti señala que su nombre y arte comenzó a circular de manera relativamente más masiva a partir de sus "Pequeños conciertos para un espectador", realizados en 2011, y en los que la ansiedad  y el temor a correr "el gran riesgo de convertirme en un idiota" lo acechaban; una reserva personal que puede leerse en su diario de trabajo publicado.

La experiencia incómoda de tocar piezas de piano para un espectador queda plasmada también en las palabras de Alan Pauls que logra sellar el acto artístico, que ¿nunca tendría que haber sido puesto en duda?.

Los contextos como en Portátil, los pactos de escucha y lectura que propone Fernanda Laguna, el atravesar de El sexto dedo de Marcelo Cohen, la historia de la música mecánica y la ingeniera militar. Preguntarse "¿Hace ruido el árbol que cae cuando no hay nadie para escucharlo?", la bitácora que se inicia con la búsqueda de un auto abandonado en la ciudad y a la que Pola Oloixarac también le pone letra. Fragmentos del primer libro de Conti En Auckland ya es mañana (2011, Mansalva), las influencias mutuas con Lola Arias, archivos personales, capturas de momentos, apuntes musicales, grabados.

Las idas y vueltas con los mails de la nieta de León Ferrari para lograr hacer vibrar las esculturas sonoras de su abuelo, el increíble intercambio de Conti con el mítico Sergio De Loof, una conversación con Edgardo Cozarinsky, lo sensible- no le cabe otra calificación- del texto de Iosi Havilio y lo espontáneo del relato del artista Fabio Kacero que no dudó alguna vez en afirmar "El otro día me senté sobre mis anteojos" son algunas de las piezas que componen La cinta transportadora.

Como si se tratase de una película con trama coral o "un libro orquestal", los apartados, fotos e ilustraciones se suceden en sintonía creando la música de una búsqueda y retratan la tensión de pensar permanentemente en el sonido.

La cinta transportadora incluye no sólo la primera persona sino también una tercera voz crítica que evita que los textos se vuelvan un collage sino que llevan constantemente a la  reflexión. No es necesario leer cada apartado en orden, pueden intercalarse las experiencias, recorrerarlas visualmente, arriesgarse a saltear partes y retomarlas más tarde, o ignorarlas completamente.

El piano invisible Jazmín Berakha y Ulises Conti  (2012)

En La cinta transportadora se esparce lo lúdico, está en la experiencia del lector, de sus posibles recorridos que le escapan al silencio de una página que se mueve o a aceptar la invitación contemporánea a escuchar un piano invisible.

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La cinta transportadora, de Ulises Conti

Colección Campo real, Mansalva 2015.

232 p.